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martes, 28 de abril de 2026

Un hallazgo histórico

 


Y sucedió precisamente este año del 75 Aniversario, cuando en el anticuario Ayeres de nuestra capital, descubrimos esta maravillosa fotografía del Cristo del Consuelo, que sin dudarlo un instante adquirimos para la Cofradía. Te contamos su historia...

La tarde del 28 de septiembre de 1950, los elegantes salones del emblemático Casino Primitivo de Albacete, acogieron una exposición de imaginería artística, fruto del buen hacer de un murciano singular, Antonio Garrigós Giner, como semanas antes había hecho en las dependencias de la Sociedad Económica de Amigos del País de Murcia. Se presentaron un Cristo, los relieves de Jesús ante Pilatos y de la Virgen de Fátima; un pastor y una pastora; los tres Reyes Magos adorando; y los grupos de Huida a Egipto, la Anunciación de la Virgen, y de San José con la Virgen y el Niño. 

El nuevo obispo de la Diócesis de Albacete, Don Arturo Tabera y las autoridades presentes, elogiaron las piezas expuestas como "pura concepción de su recia personalidad en temas religiosos, una manifestación genial, en la que se advierte la innata escuela de la imaginería española, con evolución modernista pero con personalidad inconfundible". Resaltaron el relieve de Jesús ante Pilatos, y el Cristo Crucificado, clasificado como "una talla maestra: delineación exacta del tórax, contención de los músculos y flaccidez perfecta, con una intensa unción de divinidad". Este impactante Cristo terminó por quedarse en la ciudad, convirtiéndose en el querido Cristo del Consuelo que llena todos los Jueves Santos las céntricas calles, con esa presencia imponente y conmovedora, que a nadie deja indiferente. Su destino fue la Iglesia de la Purísima, a la que también fue destinado el relieve dedicado a la Virgen de Fátima.

En la citada exposición, el fotógrafo Jaime Belda Seller, sucesor del mítico Jaime Belda Alted, considerado uno de los tres grandes referentes fotográficos locales, junto a Luis Escobar y Julián Collado, realizó esta histórica fotografía que os damos a conocer. Se trata por lo tanto de la primera fotografía del Cristo del Consuelo, antes de ser adquirido por un grupo de reconocidos albacetenses que cuatro meses más tarde fundaran la Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis, en aquella fría noche de enero de 1951 bajo el manto invernal y teniendo como imagen titular esta gran escultura de Garrigós.

La fotografía ha sido escaneada en alta resolución y restaurada digitalmente por Francisco José Fresneda Pérez, al que agradecemos su gran labor. En ella aparece el Cristo del Consuelo tal y como lo esculpió Antonio Garrigós, con su policromía original. Llama la atención el cortinaje oscuro de fondo de uno de los salones del Casino Primitivo donde se encontraba expuesto y la cuerda que aparece en el madero a la altura de la cintura derecha que serviría de sujeción.

Todas la fotografías guardan un pasado, una historia mínima para el resto del mundo pero infinita para sus protagonistas. Nuestra historia y nuestro legado comienza con esta imagen, de ahí su valor histórico. Hemos recogido el testigo de los que hace 75 años iniciaron esta andadura de fe, penitencial, solemne, austera y silenciosa. Tenemos el deber de mantenerla y pasar el testigo a las nuevas generaciones. También con la imagen del Cristo del Consuelo hemos contraído una deuda, y es recuperar el paño de pureza con su color verde original, tal y como lo concibió Garrigós. Tras dos actuaciones que intentaron dotar a la imagen de un mayor dramatismo, María Dolores Barnuevo, en la última restauración, recuperó su policromía original, dejando la talla tal y como aparece en esta fotografía, que ya forma parte de nuestro patrimonio y haciendo justicia a un Cristo con ausencia de espasmos, de sangre, donde prevalece la paz, la mirada hacia esta tierra, hacia la gente que contempla, la invitación a la reflexión cristiana frente a la muerte de Dios. Así lo quiso Antonio Garrigós y así debemos preservarlo...


martes, 1 de marzo de 2022

La escultura es silencio - Revista Jerusalén número 25

En el número 25 de la Revista Jerusalén, que con tanto rigor edita la Congregación-Cofradía Nuestra Señora de las Angustias, se incluyó el artículo "La escultura es silencio", donde se describe la trayectoria de Antonio Garrigós Giner, escultor de nuestro querido Cristo del Consuelo, tras un minucioso estudio de Juan Fresneda que reproducimos a continuación.






jueves, 27 de enero de 2022

Revista Cirineo 2021

Os mostramos el artículo de nuestra Cofradía que apareció en el número 2 de la revista Cirineo, Semana Santa 2021.

 


 



viernes, 10 de enero de 2020

Un Salzillo inspiró al Cristo del Consuelo

A pesar de la poca documentación existente sobre el escultor Antonio Garrigós, ceñida principalmente a las apariciones en prensa de la época, catálogos de exposiciones y reseñas esporádicas en revistas de arte, contamos con el único libro monográfico dedicado a su vida y obra escultórica. Editado en Murcia, 1983, por la Academia Alfonso X el Sabio y escrito por Antonio Hernández Valcárcel, el libro "El escultor Antonio Garrigós" es una excelente obra de precisión, estilo y claridad expositiva. En el mismo se recoge un catálogo de 140 obras escultóricas realizadas por Garrigós y una información hasta ahora desconocida para la gran mayoría, como supone la inspiración a la hora de esculpir la talla de nuestro querido Cristo del Consuelo.


"Prácticamente todo el año cuarenta y nueve y parte del siguiente, trabajó Garrigós en silencio, preparando la exposición de arte sacro (para la Sociedad Económica de Amigos del País en Murcia), a la que quería llevar un Crucificado de tamaño natural en el que tenía puestas sus esperanzas.

Ya a mediados de junio había llevado a los locales donde haría la exposición algunos de estos trabajos, que completaba con otros que no incluía en la definitiva muestra. Allí estaba el Cristo, la Aparición de la Virgen de Fátima y la Anunciación, todas destinadas al definitivo catálogo. Se completaba esta pequeña colección con dos relieves: el Pretorio y el Nacimiento. Este último de extraña factura, con policromía bastante fuerte y una composición algo extraña por lo irregular; tiene en la parte superior , sobre lo que debía de ser el Portal, una nube entre la que se mueven tres angelitos y un grupo de palomas realizadas con una ingenuidad casi infantil, al igual que el paisaje de palmeras apenas esbozadas, que contrastan con la delicadeza y acierto con que se trata las figuras de la Virgen y el Niño. San José, en pie, observa cómo dos angelillos y un pastor adoran al Niño; en el aspecto compositivo, su figura y la de los que se encuentran a su espalda, sirven de unión entre el grupo inferior y el superior de los ángeles. Es un relieve, pues, con tres niveles claramente marcados.

Desconocemos la razón de la ausencia de estos dos relieves en la posterior exposición, pero lo cierto es que el día 3 de septiembre de 1950 se inauguraba en el patio de la Economía, con el siguiente catálogo:

En primer lugar la formidable talla del Crucificado, obra de plena madurez escultórica que no se apartaba de los cánones estrictamente tradicionales. El detallado estudio anatómico y las correctísimas proporciones  sin duda supusieron una sorpresa para muchos que se empeñaban en ver en Garrigós solamente al hacedor de belenes y de pequeñas esculturas toscas y simples que no llegaban a entender. Realmente la figura de Cristo crucificado siempre había despertado en Garrigós una concepción casi invariable, partiendo de unas proporciones regulares, con la amplitud de los brazos idéntica a la altura del cuerpo, de manera que podría inscribirse en un cuadrado. Quizá el punto de partida de este Crucifijo fuera el que existe en la Iglesia de San Nicolás de Murcia, obra de Salzillo, y que Garrigós conocía bien; la semejante forma de tratamiento del pelo, barba, y de la actitud misma del Cristo, hacen pensar en ésto, aunque en ningún momento pierde el escultor su fuerza expresiva y tradicional personalidad. El suyo es un Cristo menos sangrante que los dieciochescos , más musculoso, y de policromía totalmente diferente, más apagada y grisácea; es, si se quiere, por todo ésto, una concepción del Crucificado más irreal, que no pretende promover sentimientos de dolor, sino impresionar al espectador por el camino de la serenidad y de la fuerza espiritual que sabe dar Garrigós a sus esculturas.

En su actual emplazamiento -la Iglesia de la Purísima, de Albacete- el Cristo recibe un foco de luz difusa proveniente de una claraboya que se encuentra en la parte superior, y da a la figura un aire aún más misterioso e irreal, con una coloración que en momentos raya lo verdoso. En Albacete esta talla figura en un desfile procesional de Semana Santa, y el pueblo siente una gran devoción por ella, quizá movida por el gesto sereno del rostro de correctos rasgos como toda la talla , y por la increíble policromía, plena de matices y de extraños e irisados tonos."

Como es sabido, semanas después de esta exposición, concretamente el 28 de septiembre de 1950, se repitió en los salones del Casino Primitivo de Albacete, adquiriendo la talla del Cristo del Consuelo un grupo de albaceteños ilustres, que con este motivo fundaron la Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis, en una fría noche de enero de 1951.

Resulta imprescindible profundizar en la talla de Francisco Salzillo que inspiró a Garrigós para  esculpir al Cristo del Consuelo. En la Iglesia de San Nicolás de Bari de Murcia tiene su sede canónica la Real y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo del Amparo y María Santísima de los Dolores, que, con su magna Procesión del Viernes de Dolores, inaugura cada año la Semana Santa murciana. Esta Cofradía, conocida popularmente como los "Azules", tiene como titular al Santísimo Cristo del Amparo, magnífica imagen sagrada de Cristo Crucificado, realizada por el universal e inigualable escultor murciano Francisco Salzillo y Alcaraz.

Santísimo Cristo del Amparo

Los antecedentes históricos de la imagen se remontan al año 1739, mencionándose en un documento de 27 de abril, que Don Juan Antonio Azcoytia cedió a la familia Galtero el crucero del evangelio de la Iglesia de San Nicolás, y el retablo que había servido hasta entonces al altar mayor, para colocar al Smo. Cristo del Amparo.


La imagen posee un gran acento italiano en su estilo, y aunque se le ha atribuido a distintos escultores, entre ellos a Antonio Dupart, el más aceptado es Francisco Salzillo, según la catalogación del doctor Sánchez Moreno, incluyéndolo en la primera etapa del genio, hacia 1739, por lo que podría ser el primer crucificado de su vasta reproducción.

Tallado en madera policromada, la escultura es de tamaño menor al natural, con unas medidas de 1'30 por 1'22 metros, que representa a Jesús ya fallecido y crucificado por tres clavos a una cruz arbórea.

De bellas facciones y placidez en su muerte, ladea su cabeza que reposa sobre su hombro derecho, con caída de su cabello moreno y ondulado, mostrando sus ojos cerrados, pómulos amoratados, nariz puntiaguda, boca entreabierta con dientes tallados, y barba corta dividida en la barbilla.

Reciente su fallecimiento, mana aún sangre de su costado, llagas y múltiples heridas que derivan del terrible martirio padecido, sobre una anatomía también tratada que tan sólo un buen escultor podría ejecutarla con la elegancia y delicadeza que transmite, destacando sus extremidades clavadas a la cruz. El movimiento lo genera el paño de pureza tallado y policromado en color azul.


El Santísimo Cristo del Amparo va clavado a una cruz arbórea, rematado por la cartelera del I.N.R.I. en plata con guarnición dorada en los puntales de la cruz, ricamente labrada en los talleres de orfebrería de Santa Clara de la ciudad de Sevilla. En distintas ocasiones ha desfilado con o sin corona, aunque posee un ajuar de dos diferentes en metal dorado y de espinas.

Durante la Guerra Civil española fue guardada y salvada la imagen en el Museo Provincial, devolviéndose un vez finalizada la contienda a su Iglesia de San Nicolás de Bari. Garrigós junto a otros escultores y pintores, fueron los artífices de salvar gran parte del patrimonio escultórico y en particular las obras de Salzillo, por las que profesaba gran admiración, hasta el extremo de poner su vida en riesgo.

En la Cuaresma de 1986, fue sometido el Cristo a una leve intervención por el escultor y hábil restaurador, Don José María Sánchez Lozano; y en el año 2005, se interviene de nuevo y en profundidad en el Centro de Restauración de la Comunidad  Autónoma de Murcia.

Para finalizar este recorrido, por lo que para muchos será un descubrimiento, señalar que Garrigós realizó en 1926-27 el Cristo de la Humillación, destruido en 1936 en Tarragona, donde pertenecía a una de las Cofradías de Semana Santa. Los otros tres Cristos crucificados que esculpió son tallas de madera policromada, dos de gran tamaño, nuestro Cristo del Consuelo y el llamado Cristo gemelo que se encuentra en la Iglesia del Carmen de Murcia, donado por la familia Garrigós y relegado a la Sacristía, tras permanecer en el gran retablo de marmol del altar mayor. El tercer Cristo, de menor tamaño, 60cm, lo conserva en propiedad la familia Garrigós. En palabras de su nieta, Rosa Campillo Garrigós, Historiadora y especialista en Gestión de Patrimonio, recogidas en la revista Ars Sacra número 13:

"Algo que llama la atención de los Cristos de Garrigós es que los tres están dormidos. ¿Podemos pensar que Garrigós no quiso seguir el estilo de los Cristos trágicos, tan españoles?. No lo sabemos. Sí llama la atención la ausencia de espasmos, de sangre... En estas figuras prevalece la paz, la mirada hacia esta tierra, hacia la gente que contempla, la invitación a la reflexión cristiana frente a la muerte de Dios. Uno de los grandes Cristos de Garrigós está en la Iglesia de la Purísima de Albacete"... y por suerte es la única imagen de este gran escultor que procesiona en Semana Santa.

Santísimo Cristo del Consuelo. Fotografía: Grupo de Comunicación La Cerca.

martes, 13 de noviembre de 2018

La "resurrección" del Cristo del Consuelo

Por su interés, reproducimos el artículo de Sánchez de la Rosa en su sección "El reloj de arena", publicado en el desaparecido diario La Verdad el domingo 12 de febrero de 2012, año en el que el Cristo del Consuelo fue la imagen del cartel anunciador de la Semana Santa de Albacete y que profundiza en la figura de su escultor Antonio Garrigós.


La "resurreción" del Cristo del Consuelo

La imagen del Cristo del Consuelo, protagonista de la Procesión del Silencio, ha sido elegida para el cartel anunciador de la Semana Santa de Albacete de este año, que será presentado el próximo 22, Miércoles de Ceniza, en el salón de plenos del viejo Ayuntamiento.

Al llegar este "paso" a las Carretas a medianoche, tras su salida del templo de la Purísima donde pasa el año, un estertor de oscuridad y redobles acaba con su vida. La expresión de la muerte está en sus ojos desde que lo esculpió aquel hombre bueno que se llamó Antonio Garrigós Giner, que tuvo aquí un hijo cura y quiso dejar en Albacete la huella de sus pasos, haciendo esta talla que desfila el Jueves Santo, cuando el primer día de los tres que relucen más que el sol se entrega a las tinieblas. La procesión, a las doce, con Jesús de cuerpo presente, avanza por un callejero tradicional a oscuras, sabiendo muy bien a donde va. Es todo un entierro parroquial, como los que yo veía siendo niño desde la casa de la Ñoña, mi abuela, en la calle Concepción, la mujer que mejor hacía el moño de picaporte a las muchachas que se vestían de manchegas. Entonces salían de la iglesia los cortejos fúnebres y el duelo se despedía en la calle Salamanca, siguiendo el féretro, ya solo con la familia, hasta el cementerio municipal.

Recuerdo muy bien aquellos cortejos desde el templo familiar donde fuí bautizado. Este desfile pasional, también funerario, arranca de "la Compañía", la iglesia que la gente llamaba así porque allí estuvieron los jesuitas hasta que fueron expulsados de Albacete, como en todas partes. La imagen de Garrigós cruzará otra vez el barrio obrero al final de la Cuesta bajando por la calle del Tinte hasta Teodoro Camino para seguir por la Avenida de España y después alcanzar la Plaza de Gabriel Lodares y tomar la gran ruta urbana por la Calle Ancha, recibir el homenaje floral de los tulipanes del Altozano y continuar trayecto arriba por San Agustín para volver a casa. El latido sonoro del tambor y los pasos penitentes -como prefieren llamarse estos cofrades- acompañarán en todo momento un tránsito que conmemora un tiempo de angustia y de dolor, la horas que pasan, en el filo de un viento como el de una navaja, que traspasa el alma, con los macizos de claveles en las andas para mitigar una escenografía dramática. Cuando venía Garrigós a la ciudad, ensayando el destino de su obra, solía dar un paseo por el Parque, el sitio favorito de un visitante que nunca sería forastero. Tuve ocasión de hablar muchas veces con él, desde que nos presentó su paisano Elías Ros, compañero en Radio Albacete. Rechazaba amablemente las entrevistas -"yo prefiero expresarme con el cincel"-, decía, pero era un conversador locuaz, amenísimo, que contaba anécdotas de su juventud y lo que llamaba "tostones de viejo". Un domingo, después de la misa de doce en la que coincidimos, le acompañé en su paseo. Al llegar al monumento dedicado a Saturnino López se interesó por el personaje. Le expliqué que fue un filántropo al que los albaceteños debíamos el agua, pues nos cedió el manantial de su propiedad en el paraje de los Ojos de San Jorge. No le escandalizó que yo le dijera que fue "un santo republicano", pero sí hizo un comentario sobre el agua, "que cuando falta ocasiona enormes problemas, en realidad es una lucha ancestral por su posesión, porque es imprescindible para la vida", vino a resaltar, citando la "sed bíblica" que dio lugar en la historia a grandes conflictos. Y todo el rato se lo pasó elogiando la ciudad que dijo querer como si fuera la suya. "Por algo en el pasado fuimos ciudadanos de la misma región", matizó.

El escultor, nacido en el pueblo murciano de Santomera y con un bagaje artístico notable, se dio a conocer en Albacete en 1951 en una exposición en el Casino Primitivo. Allí recibió a un grupo de personas interesadas en su trabajo para encargarle el Cristo que habría de ser una joya de nuestra imaginería de la Pasión. Entre los visitantes se encontraba su hijo, Antonio Garrigós Meseguer, que era coadjutor de la parroquia de la Purísima, y que accedió a colaborar en el proyecto, eso sí, descartando toda vinculación que tuviera algo que ver con cuestiones económicas o comerciales. Serían los primeros contactos que culminarían con la creación de una escultura personalísima del artista que murió en Madrid, a los 80 años de edad, tras medio siglo de profesión, en 1966. Nadie que le conoció ha podido olvidar su voz cálida, su mostacho blanco, su caballerosidad. Nos dejó este crucificado que expira con las agujas del reloj municipal clavando la hora crucial y su corazón ya detenido en la eternidad, que late sin embargo, como el de su autor, en la devoción y en la memoria albaceteña. Garrigós fue uno de los artistas murcianos interesados en cultivar un arte integrado en las tradiciones locales, "plasmando en figuras y terracotas -como destacó un crítico- una mezcla de innovación y costumbrismo que gustó tanto dentro del país como fuera". Frecuentó el conocido Grupo del Café Oriental, un café céntrico de Murcia en el que se reunían en animadas tertulias distintos artistas, entre ellos el pintor Luis Garay, que sería suegro y maestro del albaceteño José Antonio Lozano. Su estilo tenía claras reminiscencias románticas y en varias obras de estilo italianizante.

Su imagen del Cristo del Consuelo, motivo de esta crónica, desfiló por primera vez en la Semana Santa de 1951, en la Procesión del Silencio, que curiosamente ya se celebraba, aunque se ignora su continuidad, en 1926. La nueva cofradía -en la que estaban vetadas la mujeres- se había fundado ese mismo año y sus miembros desfilaron sin túnica, luciendo en el pecho un crucifijo con un cordón morado.

El cartel que difundirá la imagen "resucita" en la litografía toda su patética dimensión artística, y nos permite renovar nuestra admiración por la figura inolvidable de su autor.

martes, 7 de febrero de 2017

Nuestra Cofradía en "La Purísima - Vida de una parroquia"

Portada libro "La Purísima Vida de una Parroquia"

Con motivo del centenario de la Parroquia de la Purísima, en el año 2001 se publicó un libro bajo el título "La Purísima - Vida de una parroquia" 1901-2001 cien años en Albacete. Este interesante documento, describe a través de valiosas colaboraciones la trayectoria histórica del templo, además de su advocación a la Purísima Concepción de Nuestra Señora.

Especial interés para nuestra Cofradía cobran las dos aportaciones de Antonio Garrigós y Mariana Fajardo, que a continuación reproducimos.


RECUERDOS DEL CURA GARRIGÓS

Cofradía del Cristo del Consuelo 

No puedo hablar de ella sino en su génesis. Nació y comenzó a dar sus primeros pasos cuando yo había salido ya de Albacete. Como todo lo que en aquella época se inició, fue ideao y realizado por los grupos de juventud de Acción Católica Masculina y Femenina, que supieron incorporar a personas mayores entusiastas y de prestigio a sus proyectos. Consideramos que era una buena manera de salir a la calle y conectar con el pueblo que no frecuenta el templo crear un cofradía con una imagen hermosa, de valor artístico innegable y engarzada en la tradición procesional levantina. En esa fase estaba el proyecto cuando yo fui llamado a Madrid para encargarme de la OCSHA y el colegio M. de Guadalupe. Después encargaron la imagen a mi padre, que era escultor y había realizado ya varios Crucificados, y comenzaron a procesionar. Creo que la cofradía ha crecido vigorosamente sobre aquellos cimientos y Jesús, respresentado en esa imagen, continúa su misión evangelizadora entre el pueblo que lo contempla y acompaña. Me dicen que los fundadores han permanecido "al pie del cañón", algunos desde el cielo, y no hay sitio ya en la procesión para más nazarenos. Bendito sea Dios.

ANTONIO GARRIGÓS,
SACERDOTE


EL CRISTO DEL CONSUELO
(UNA DEVOCIÓN PARTICULAR DE LA PASIÓN)

En nuestros días, que lo son de cierta calma y relativa templanza, la procesión del Silencio del Jueves Santo es una cosa elevada, dentro de lo que suelen ser las procesiones, que tiene como protagonista única a la cofradía del Santísimo Cristo del Consuelo. Pero no siempre fue así. Ésta es una procesión con más historia; al menos, con alguna más. La del Silencio la inauguró en 1926 don Paulino, párroco que lo fue de San Juan, y la salida del desfile desde este templo parroquial se documenta por primera vez en 1941, año que debió serlo de cierta tristeza para la masa democrática del país, como no lo fue menos para la masa monetaria circulante. El "silencio impresionante" de los penitentes por los años cincuenta era exactamente eso, y es lo único que se conoce a ciencia cierta de esta manifestación, lo cual no es poca cosa según se mire. "Viene después -contaba la prensa local- el Santísimo Cristo del Consuelo a hombros de varios cofrades, en unas andas profusamente engalanadas con flores y luces". Cerraba el cortejo la presidencia de la hermandad junto al alcalde de Albacete.

Hasta aquí las primeras noticias editadas de una cofradía que por tantos es querida. Una historia relativamente breve que, después de todo, marca sus pequeñas diferencias. El del Consuelo es el único paso procesional de la Semana Santa albaceteña que siempre ha sido llevado a hombros aunque, esto, naturalmente, no quiera decir nada. La cofradía que lo pasea cada Jueves Santo se creó, con sede en La Purísima, en 1951, recién erigida la diócesis de Albacete bajo la autoridad episcopal de Arturo Tabera y Araoz, un príncipe, un príncipe de la Iglesia, claro está, un hombre que supo conciliar su aristocracia espiritual con la supresión de aranceles por administración de sacramentos; una figura a la que Albacete no ha sabido dedicar ni una calle ni una plaza ni una estatua.

Dos años más tarde, la cofradía había tomado ya el copero suficiente para que don Arturo nombrara consiliario de la misma a su ayudante Delicado Baeza, hoy monseñor y arzovispo de Valladolid y, a la sazón, canónigo de la recién fundada catedral manchega. El año 1953 era por estos pagos, como suele decirse ahora, una cosa muy fuerte. Lo fueron todos los de aquella década y aun muchos otros que vinieron a continuación. Pero ahí estaba ya la piedad popular que, como dejó dicho el papa Montini "refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos pueden comprender". Por aquella mitad de siglo, naturalmente, a las mujeres les estaba vedado desfilar, si bien podían servir de camareras, lo mismo que ahora ocurre en Sevilla y por lo cual muchos se rasgan las camisas de seda. Que esto sea mediana o nulamente aceptable en nada afecta al fervor religioso y, sobre todo, a la justificación de las costumbres del momento. 

Lo cierto es que ésta fue, desde su nacimiento, una cofradía verdaderamente particular: con capuchas pero sin capirotes, sin mujeres pero con silencio, con muchas luces pero sin ninguna iluminación pública, sin caramelos, sin músicas; de una seriedad espeluznante y con una sola imagen, el Crucificado de Garrigós portado a hombros y faloreado con antorchas. El mismo Cristo que se descuelga de su retablo de la Purísima cada Semana de Pasión para que una cofradía, un barrio, un pueblo, haga de él su enseña mostrándolo andariego, y sin embargo clavado, a publicanos y fariseos, a turistas y devotos, a vecinos y transeúntes. El Jueves Santo, el Santísimo del Consuelo es casi una imagen de todos, venerada o vista con ojos de kodak, pero difícilmente olvidable salvo para los que casi todo lo olvidan sin tener culpa de ello.

Pange, lingua, gloriosi
Lauream certaminis

Una imagen de la luz en las tinieblas, un sonido doloroso en el silencio, en fin, estas cosas que hacen fácil la literatura poco más o menos. El asunto puede resumirse con el socorrido fervor popular, que a nadie perjudica, bien es cierto, y que viene a ser una etiqueta muy agradecida para ciertos fenómenos de consecuencias quizá más complicadas.

Cientos de penitentes, que así se llamaron siempre estos cofrades, desfilan hoy -hombres y mujeres- por Albacete con la antigua austeridad fundacional. A algunos curas de ciudad a quienes no les gustan demasiado las procesiones ésta les resulta menos antipática, pero eso seguramente no es importante; a otros no nos gusta la colifror y nos la comemos, porque, en general, uno no se pone la camisa que más le gusta sino la que le viene. Las procesiones son lo que son y, como es natural, no pueden ser lo que eran.

Et super crucis trophaeo

Según la crónica escrita y publicada, "la procesión, que se realiza con las luces apagadas en todo el itinerario, está impregnada de un cierto misticismo y se caracteriza principalmente por ese silencio sobrecogedor solamente roto por el enjuto de un ronco timbal, por el deslizar de las pesadas cadenas que portan algunos de sus penitentes y por el golpe cadencioso de la horquillas de sus costaleros". Los cofrades llevan al hombro pesadas cruces de entre ocho y veinticinco kilos, lo cual es ya un modo de hacer penitencia que -aunque sólo sea una vez al año-  tiene un mérito firme y consistente. Tonelada y media pesa el paso que pasean los dieciocho costaleros, ejercicio de remisión que en nada desdice al anterior.

Qualiter Redemptor orbis
inmolatus vincerit.

Es un fenómeno constatado que a muchas personas que nunca han sentido una especial adhesión hacia el ejército los desfiles militares les ponen la piel de gallina; una pieza musical bien ejecutada ha supuesto a menudo un edificante ejercicio de humildad para aquellos que no se sienten especialmente melómanos; una procesión de Semana Santa puede hacer en nuestra cultura -mitad religiosa, mitad laica- que creyentes, agnósticos y ateos nos emocionemos con un sentimiento común y obviamente diferenciado; un sentimiento de pequeñez y a la vez -perdónese el lugar común- de grandeza, para el que, como es natural, no cabe explicaciones. Dice el P. Ramón Carrilero, historiador notable, que el sentimiento religioso de la Edad Moderna suele tener algo de funcional, necesitado de rito para suplir la deficiente catequesis, "una religiosidad telúrica de actos externos tradicionalmente repetidos como una forma de impetración colectiva". Pues eso, o algo así.

MARIANA FAJARDO,
PUBLICISTA
 

domingo, 14 de junio de 2015

Entrevista a D. Antonio Garrigós

Nuestro compañero y colaborador Antonio Osuna nos hace llegar esta entrevista a D. Antonio Garrigós, rescatada del Archivo Municipal de Albacete.

Entrevista a D. Antonio Garrigós.
Periódico La Voz de Albacete.
Martes, 6 de octubre de 1953.
Sección: ¿Qué opina Vd?.
Periodista: Gutiérrez Alarcón.
Archivo Municipal de Albacete

El escultor D. Antonio Garrigós, autor del Santísimo Cristo del Consuelo (de la Cofradía del Silencio) y del relieve de Nuestra Señora de Fátima, que se veneran en la Iglesia de la Purísima. Ha visitado América en varias ocasiones.

  • ¿Cuándo dió su primer golpe de cincel D. Antonio?
          En mi infancia sentí la vocación espontáneamente.

  • ¿Y continuó?
          Se acentuó al conocer los artistas de mi generación.

  • ¿Quienes son?
          José Planes, el pintor Luis Garay, Pedro Flores, Victoriano Nicolás y Clemente Cantos.

  • ¿El mejor?
          Clemente Cantos, el primer escultor de tema religioso en España. Precisamente es de Albacete, aunque se ignora.

  • ¿Cultiva Vd. Temas profanos?
          Si, con preferencia, la imaginería.

  • ¿Qué le parece la imaginería española?
          Estoy completamente disconforme con la producción en serie que, además está prohibida.

  • ¿Prohibida dice?
          Si, conozco las disposiciones dadas por Su Santidad y por el Colegio de Cardenales del Santo Oficio, contra la producción en serie y la extravagancia en el tema religioso.

  • ¿Porque se prohíbe la producción de imágenes en serie?
       Porque carecen de espiritualidad, para representar a Dios y los Santos. Es igual que la prohibición que pesa sobre la misa de Beethoven y algunas composiciones de Mozart y Haendel. Es lástima que en España no exista un férreo control sobre el arte religioso.

  • Sea Vd. sincero, ¿le gustó alguna imagen de la que fabrican en serie?
          Ninguna.

  • ¿Está en decadencia la escultura religiosa en España?
           En el siglo XVIII fracasó.

  •  ¿Y de entonces acá?
            Debido a esta decadencia de dos siglos, es necesario estimular la imagineria nacional.

  • ¿La imagen más valiosa de las que se veneran en templos albacetenses?
           La de la Virgen de la Estrella.
 

Virgen de la Estrella

  •  ¿Dónde está?
            En el lado de la epístola de la Santa Iglesia Catedral.

  • ¿Muy meritoria?
           Una joya del siglo XVIII.

  • ¿Se conoce el nombre del autor?
           No pero tiene aires Napolitanos y Salzillescos.

  • ¿El mejor imaginero de todos los tiempos?
           Alonso Cano, del siglo XVII.


Muy agradecido por sus respuestas.

Gutiérrez Alarcón
   

lunes, 24 de noviembre de 2014

martes, 3 de junio de 2014

Al Cristo de Garrigós

Dios amado en el lecho del madero
Con su virtud gloriosa en la agonía...
Un despertar en la existencia fría,
Un renacer del misticismo austero.

Yo, pecador, no sé, Señor, qué quiero,
Todo murió bajo mi sol un día
Y, al verte moribundo, renacía.
¡Milagro de vivir aunque me muero!

Yo aprendí tu canción y la olvidé
-fragilidad de la memoria humana-
Y ahora quiero cantarla y no la sé.

Repítela, Señor, que en la mañana, 
Contagiado de amor la aprenderé.
¡Que poco te promete un alma llana!

Ramón Bello Bañón

Revista Nazareno. 1951.
Archivo Histórico Provincial de Albacete