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martes, 28 de abril de 2026

Un hallazgo histórico

 


Y sucedió precisamente este año del 75 Aniversario, cuando en el anticuario Ayeres de nuestra capital, descubrimos esta maravillosa fotografía del Cristo del Consuelo, que sin dudarlo un instante adquirimos para la Cofradía. Te contamos su historia...

La tarde del 28 de septiembre de 1950, los elegantes salones del emblemático Casino Primitivo de Albacete, acogieron una exposición de imaginería artística, fruto del buen hacer de un murciano singular, Antonio Garrigós Giner, como semanas antes había hecho en las dependencias de la Sociedad Económica de Amigos del País de Murcia. Se presentaron un Cristo, los relieves de Jesús ante Pilatos y de la Virgen de Fátima; un pastor y una pastora; los tres Reyes Magos adorando; y los grupos de Huida a Egipto, la Anunciación de la Virgen, y de San José con la Virgen y el Niño. 

El nuevo obispo de la Diócesis de Albacete, Don Arturo Tabera y las autoridades presentes, elogiaron las piezas expuestas como "pura concepción de su recia personalidad en temas religiosos, una manifestación genial, en la que se advierte la innata escuela de la imaginería española, con evolución modernista pero con personalidad inconfundible". Resaltaron el relieve de Jesús ante Pilatos, y el Cristo Crucificado, clasificado como "una talla maestra: delineación exacta del tórax, contención de los músculos y flaccidez perfecta, con una intensa unción de divinidad". Este impactante Cristo terminó por quedarse en la ciudad, convirtiéndose en el querido Cristo del Consuelo que llena todos los Jueves Santos las céntricas calles, con esa presencia imponente y conmovedora, que a nadie deja indiferente. Su destino fue la Iglesia de la Purísima, a la que también fue destinado el relieve dedicado a la Virgen de Fátima.

En la citada exposición, el fotógrafo Jaime Belda Seller, sucesor del mítico Jaime Belda Alted, considerado uno de los tres grandes referentes fotográficos locales, junto a Luis Escobar y Julián Collado, realizó esta histórica fotografía que os damos a conocer. Se trata por lo tanto de la primera fotografía del Cristo del Consuelo, antes de ser adquirido por un grupo de reconocidos albacetenses que cuatro meses más tarde fundaran la Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis, en aquella fría noche de enero de 1951 bajo el manto invernal y teniendo como imagen titular esta gran escultura de Garrigós.

La fotografía ha sido escaneada en alta resolución y restaurada digitalmente por Francisco José Fresneda Pérez, al que agradecemos su gran labor. En ella aparece el Cristo del Consuelo tal y como lo esculpió Antonio Garrigós, con su policromía original. Llama la atención el cortinaje oscuro de fondo de uno de los salones del Casino Primitivo donde se encontraba expuesto y la cuerda que aparece en el madero a la altura de la cintura derecha que serviría de sujeción.

Todas la fotografías guardan un pasado, una historia mínima para el resto del mundo pero infinita para sus protagonistas. Nuestra historia y nuestro legado comienza con esta imagen, de ahí su valor histórico. Hemos recogido el testigo de los que hace 75 años iniciaron esta andadura de fe, penitencial, solemne, austera y silenciosa. Tenemos el deber de mantenerla y pasar el testigo a las nuevas generaciones. También con la imagen del Cristo del Consuelo hemos contraído una deuda, y es recuperar el paño de pureza con su color verde original, tal y como lo concibió Garrigós. Tras dos actuaciones que intentaron dotar a la imagen de un mayor dramatismo, María Dolores Barnuevo, en la última restauración, recuperó su policromía original, dejando la talla tal y como aparece en esta fotografía, que ya forma parte de nuestro patrimonio y haciendo justicia a un Cristo con ausencia de espasmos, de sangre, donde prevalece la paz, la mirada hacia esta tierra, hacia la gente que contempla, la invitación a la reflexión cristiana frente a la muerte de Dios. Así lo quiso Antonio Garrigós y así debemos preservarlo...


domingo, 3 de noviembre de 2024

Inauguración y bendición Casa Hermandad

El pasado martes, 29 de octubre, tuvo lugar la inauguración y bendición de la Casa de Hermandad de la Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis.

A las siete y media de la tarde se celebró una misa de acción de gracias en la Purísima, oficiada por nuestro Consiliario y Párroco, José Antonio Abellán Jiménez, en la que intervinieron en las lecturas un grupo de cofrades. Durante la eucaristía se pidió al Cristo del Consuelo por el alma de todos los hermanos difuntos que nos han precedido a lo largo de estos 73 años de andadura, también oramos por los desaparecidos en la terrible riada de Letur, recibiendo horas después de la inauguración la desgarradora noticia del drama humano sufrido en tierras valencianas.

De la Purísima nos desplazamos a la Casa de Hermandad, donde en unas instalaciones abarrotadas de Penitentes del Silencio, invitados y amigos, se procedió a su bendición, previo parlamentos del Presidente de la Cofradía, José Luis Roldán López y de nuestro Consiliario José Antonio, que destacaron el lugar evangelizador, cultural, de encuentro y hermandad, posible gracias al gran trabajo de un buen número de cofrades. Una vez bendecidas todas las instalaciones se sirvió un ágape, dando por concluido este histórico día.

Agradecer a los que renunciando a su tiempo libre han hecho posible la Casa de Hermandad y a todos los que nos acompañaron a su inauguración.

Fotografías gentileza de Pablo Puebla y Antonio Osuna.







lunes, 4 de diciembre de 2023

Rvdo. Sr. D. José Antonio Abellán Jiménez, nuevo Consiliario de la Cofradía

Nos llena de alegría comunicar que el Sr. Obispo de la Diócesis, Monseñor Angel Fernández Collado, ha nombrado como nuevo Consiliario de la Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis a D. José Antonio Abellán Jiménez, Párroco de nuestra sede canónica, la Purísima Concepción.

Agradecemos a D. Francisco Javier Pla García su labor pastoral - evangélica y el afecto que nos ha profesado durante el año que ha ejercido como Consiliario.

Pedimos al Santísimo Cristo del Consuelo que guíe y proteja a D. José Antonio Abellán como director espiritual de nuestra Cofradía y a D. Francisco Javier Pla en su nueva etapa misionera.



domingo, 3 de diciembre de 2023

Revista Cirineo 2023

Os mostramos el artículo de nuestra Cofradía, publicado en el número 4 de la revista Cirineo, Semana Santa 2023.





viernes, 30 de junio de 2023

Las Cruces del 78

La tarde del Jueves Santo, preparando las Cruces de la Procesión del Silencio de la Semana Santa de Albacete. En el solar que había enfrente de la Iglesia de la Purísima, en la esquina de las calles Concepción con Purísima, donde se ubica el restaurante L'arruzz.

Las cruces eran transportadas en aquella época con el camión de Muebles Solvez. La foto está hecha el 23 de marzo de 1978 por un cofrade, de la Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis de Albacete.

Fuente: Ignacio Encarnación, publicado en Fotos Antiguas de Albacete 2.0.



martes, 2 de mayo de 2023

1952 segundo año procesional

Nos hacen llegar para el fondo documental de la Cofradía, dos publicaciones aparecidas en la prensa local de 1952, segundo año procesional. La primera es previa a Semana Santa y anima a los hombres católicos a participar en la Procesión del Silencio, recordando el veto a las mujeres y solicitando silencio absoluto. La segunda es una interesante descripción del desarrollo de la Procesión del Silencio, que cita el acompañamiento de la Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía, Hermandad de San Juan y cofrades del Descendimiento, entre otros datos de sumo interés.



Cofradía del Silencio y Santo Vía - Crucis

La Cofradía del Silencio y Santo Vía-Crucis invita a todos los hombres católicos de Albacete para que se sumen a la procesión penitencial de "El Silencio", que tendrá lugar el Jueves Santo a las doce de la noche, partiendo de la Parroquia de la Purísima.

Los que deseen asistir a la misma deberán atenerse a las siguientes normas:

Primera.- En este desfile procesional no se admitirán mujeres, ni aun con el carácter de penitentes.

Segunda.- Desde el comienzo de la procesión hasta su terminación total se guardará  absoluto silencio por los componentes de la misma.

Se encarece al público en general que presencie este desfile procesional, la obligación que tienen de guardar silencio absoluto desde el comienzo del desfile y hasta que pase el último de los acompañantes.

Esta Cofradía espera y agradece a todos su colaboración en este acto de piedad y recogimiento cristiano.

La Junta de Gobierno de la Cofradía del Silencio y Santo Vía-Crucis

 

Imponente Procesión del Silencio

Conforme estaba anunciado, a las 12 en punto de la noche partió del Templo Parroquial de la Purísima Concepción, para recorrer el itinerario señalado, la procesión penitencial del Silencio.

A lo largo de las calles del trayecto se agrupaba un gran gentío que guardó durante el desfile procesional el más profundo y riguroso silencio, actitud que habla elocuentemente de elevado espíritu religioso y de ciudadanía de los albacetenses.

Todas las calles por donde había de cruzar la procesión, habían sido dejadas a obscuras, de tal manera que sólo quedó iluminada la ruta procesional por la luz que desde el cielo nos enviaba la luna.

Como ya hemos dicho, en medio del más absoluto de los silencios, cruzó las calles de la ciudad la Procesión Penitencial del Silencio. Sólo se escuchaba de vez en vez el lejano redoble de un tambor, y el ruido que producía al arrastrarse por el suelo las cadenas con que llevaban atados sus pies muchos penitentes.

Figuraba en primer lugar en esta procesión miembros de las Cofradía del Santísimo Cristo de la Agonía, seguían a continuación cofrades de la Hermandad de San Juan, con Cruz Guión, escoltada con cuatro cirios, estandarte y varios nazarenos de esta Hermandad con caperuz negro. A continuación, iban cofrades del Descendimiento y por último los hermanos que integran la Cofradía de la procesión del Silencio, luciendo sus túnicas nuevas.

El desfile de esta Cofradía fue realmente impresionante. Sus túnicas, moradas, con capucha del mismo color y forro blanco, da la sensación de tratarse de vestiduras de frailes cartujos. Completan la túnica un tosco cordón y unas leves sandalias con que los cofrades cubren unos pies descalzos.

A paso lento iban desfilando los cofrades, con sus rostros cubiertos por la capucha, los ojos bajos y sobre sus hombros una gran cruz de madera. El público presenció el paso de esta Cofradía sinceramente emocionado y sobrecogido. Por último , sobre artísticas andas, la magnífica talla del Cristo Crucificado de que es titular la Cofradía.

Imponente, en fin, por su grandiosidad y emoción esta procesión del Silencio que es el segundo año que se celebra en nuestra Semana Santa.


viernes, 13 de enero de 2023

Rvdo. Sr. D. Francisco Javier Pla García, nuevo Consiliario de la Cofradía

Nos llena de alegría comunicar que el Sr. Obispo de la Diócesis, Monseñor Angel Fernández Collado, ha nombrado como nuevo Consiliario de la Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis a D. Francisco Javier Pla García, Párroco de nuestra sede canónica, la Purísima Concepción.

Agradecemos a D. José Antonio Roldán Zorrilla su labor pastoral y evangélica durante los años que ha ejercido como Consiliario y el afecto que nos ha profesado.

Pedimos al Santísitmo Cristo del Consuelo que guíe y proteja a D. Francisco Javier Pla como director espiritual de nuestra Cofradía y a D. José Antonio Roldán en esta nueva etapa que se le abre.

 


jueves, 24 de noviembre de 2022

Revista Cirineo 2022

Os mostramos el artículo de nuestra Cofradía que apareció en el número 3 de la revista Cirineo, Semana Santa 2022.

 



martes, 1 de marzo de 2022

La escultura es silencio - Revista Jerusalén número 25

En el número 25 de la Revista Jerusalén, que con tanto rigor edita la Congregación-Cofradía Nuestra Señora de las Angustias, se incluyó el artículo "La escultura es silencio", donde se describe la trayectoria de Antonio Garrigós Giner, escultor de nuestro querido Cristo del Consuelo, tras un minucioso estudio de Juan Fresneda que reproducimos a continuación.






jueves, 27 de enero de 2022

Revista Cirineo 2021

Os mostramos el artículo de nuestra Cofradía que apareció en el número 2 de la revista Cirineo, Semana Santa 2021.

 


 



martes, 11 de enero de 2022

Revista Cirineo 2020

Os mostramos el artículo de nuestra Cofradía que apareció en el primer número de la revista Cirineo, Semana Santa 2020.

 




sábado, 1 de mayo de 2021

Magnífica recuperación para la Purísima

El pasado mes de marzo, en el portal facebook de una tienda de antigüedades de Albacete, se anunciaba una imagen de una Virgen de los Dolores, de vestir y de pequeño tamaño, como obra murciana del siglo XIX, de un seguidor de Salzillo o del círculo de Roque López. Luis Guillermo García-Sahúco, del Instituto de Estudios Albacetenses, pasó por el escaparate del establecimiento y pudo cotemplar la imagen.

Pensando sobre la misma, inmediatamente la identificó como la realizada para Albacete por Roque López en el año 1807, destinada a un fraile del convento de San Agustín de la villa, según el catálogo manuscrito de las obras del escultor, publicada por el Conde de Roche en 1889, que cita textualmente: 

"Una Virgen de los Dolores de dos palmos, con peana para vestir, con pies para el Padre Fray Antonio Lozano de la Cuerda negra, en Albacete...150 reales".

Una imagen que tras la Desamortización de 1835, al clausurarse aquel Convento y convertirse en Audiencia Territorial, pasó a la Iglesia de la Purísima. En aquel templo permaneció hasta los desgraciados acontecimientos de noviembre de 1936, por lo que se había dado por perdida, según se señala en el libro "Francisco Salzillo y la escultura salzillesca en la provincia de Albacete" (1985). Afortunadamente, hoy esta escultura ha aparecido, casi casualmente.

Ante esta situación, García-Saúco se puso en contacto con el Delegado Diocesano de Patrimonio Cultural de la Diócesis y, con muy buen criterio, la propia Parroquia de la Purísima ha podido adquirir la imagen, recuperando -85 años después- para la parroquia y la ciudad de Albacete esta pequeña obra de arte que nunca debió haber salido de donde estuvo.

Como bien es sabido, el escultor murciano Roque López (1747-1811) fue el discípulo y continuador del taller de Francisco Salzillo hasta los inicios del siglo XIX. Para Albacete realizó diversas imágenes, también para el Convento de San Agustín y localidades de la provincia como Peñas de San Pedro, Alatoz, Almansa o Alcaraz, entre otras. Unas conservadas y otras no.

La imagen de la Virgen de los Dolores de Albacete repite, en pequeño tamaño, la conocida imagen que popularizó Salzillo y repitió sistemáticamente Roque López, con los brazos extendidos y la mirada clamante al cielo. Aquí se da la circunstancia de que las ventimentas de sedas con bordados en oro, son de la época, incluso el puñal y la aureola estrellada, ambas de plata.

De esta manera, tan discreta, Albacete ha recuperado para sí una pequeña obra artística, plenamente documentada, que los estudiosos de arte dieron por perdida. Quién sabe si en un futuro incierto aparecerán otras piezas que en su momento no se valoraron, pero que forman parte de nuestro Patrimonio Cultural.

Fuente: El Digital de Albacete.

Imagen de la Dolorosa de Roque López recuperada para la Purísima

martes, 11 de agosto de 2020

Recuerdos de 1955 y 1972

Nuestro amigo César Cortés Ponce nos hace llegar estas dos interesantes publicaciones con referencias a nuestra Cofradía y que aportan una valiosa información sobre algunas tradiciones que se perdieron a lo largo del tiempo.

La primera data de 1955:

 

COFRADIA DEL SILENCIO Y SANTO VIA CRUCIS

Esta Cofradía fue fundada en 1951, tiene solo cuatro años de existencia. A pesar de su juventud cuenta ya con cerca de doscientos cofrades. Tiene, como principios fundamentales, el ejercicio de la CARIDAD, la PIEDAD y la PENITENCIA. Sobre la práctica de la caridad, tiene estatuido, que parte de los ingresos (cuando las circunstancias lo permitan), vayan destinados a los pobres, a través del Secretariado de Caridad o de las Confereccias de San Vicente de Paúl. Los actos de piedad consisten en una Misa de Comunión General, todos los primeros viernes de mes y en el ejercicio del Santo Vía-Crucis todos los viernes de cuaresma. Los actos de penitencia los realiza en sus procesiones de Semana Santa, que son rigurosamente penitenciales.

La autoridad eclesiástica nombró como asesor religioso de la Cofradía al M.I.S. don José Delicado Baeza, canónigo de la Santa I. Catedral.

Celebra dos procesiones de Penitencia: la del SILENCIO, a las doce de la noche del Jueves Santo y la del Santo Vía-Crucis, a las cuatro de la tarde del Viernes Santo. Las dos procesiones salen de la Parroquia de la Purísima, lugar donde se le da culto al titular, imagen que es el SANTISIMO CRISTO DEL CONSUELO, obra tallada en madera por el escultor murciano don Antonio Garrigós.

PROCESION DEL SILENCIO.- Durante el desfile de esta procesión se apaga la luz del itinerario, resultando de un efecto impresionante.

PROCESION DEL SANTO VIA-CRUCIS.- Durante el trayecto y desde los balcones de las casas mejor situadas, se rezan y predican las estaciones del Santo Vía-Crucis.

El equipo de esta Cofradía consiste en túnica de lana morada con capuchina franciscana, sandalia de esparto, cordón, Crucifijo impuesto y Cruz de madera de tamaño natural, que llevan los cofrades a cuestas igual que Jesús camino del Calvario. El trono es portado a hombros por sus propios cofrades.


La segunda publicación, firmada por Sánchez de la Rosa, pertenece a la revista Crónica en su edición de marzo de 1972, incluyendo cuestionario al que fuera Secretario de nuestra Cofradía Don Asensio Piqueras y otras siete personas, que mayoritariamente se decantan por la Procesión del Silencio.

 LA DEL SILENCIO EN ALBACETE

Y en la capital con la solemnidad de los Vía Crucis -14 se celebraron en 1971, simultáneamente, en otras tanta iglesias- destaca la procesión del Silencio, en la medianoche de Jueves Santo. Entre dos luces, Jesús de Medinaceli ha impreso su perfil amoratado. Ahora todo son tinieblas. Los encapuchados llevan, a ritmo de agonía, al Cristo del Consuelo, una talla de Garrigós que se custodia en la iglesia de la Purísima. Exigencia de permanente afirmación religiosa.

Por su parte, 500 cofrades desfilan con la Congregación de Nuestra Señora de las Angustias, cuyas damas acompañan a la Virgen ataviadas con mantilla. La Macarena, rodeada por la fidelidad de sus nazarenos. Dificultades y problemas en otras organizaciones...

DON ASENSIO PIQUERAS, Secretario de la Cofradía del Silencio.

¿Como celebra la Semana Santa? 

-Identificado con las conmemoraciones.

¿En Albacete o de vacaciones?

-Sería incapaz de abandonar la ciudad en Semana Santa.

¿Es partidaro de los desfiles procesionales?

-Deben continuar: el pueblo las quiere, y basta para comprobarlo el respeto que la Procesión del Silencio merece a los albacetenses.

sábado, 4 de julio de 2020

Cirineo, la revista de la Semana Santa de Albacete

A través del siguiente enlace podéis acceder a la revista Cirineo, editada por la Junta de Cofradías de Semana Santa de Albacete. Se trata de una publicación de 84 páginas dedicada en exclusiva a la Semana Santa albaceteña, con un recorrido por la historia de nuestras catorce cofradías, donde se puede conocer el origen y la evolución de esta celebración en la ciudad.

Una revista histórica por la situación excepcional que hemos vivido, con la colaboración de nuestro Vicepresidente Segundo, Juan Fresneda, en el artículo "Silencio" que aparece en las páginas 54 y 55. Esperamos sea de vuestro agrado.


Pulsar para acceder a la revista

viernes, 10 de enero de 2020

Un Salzillo inspiró al Cristo del Consuelo

A pesar de la poca documentación existente sobre el escultor Antonio Garrigós, ceñida principalmente a las apariciones en prensa de la época, catálogos de exposiciones y reseñas esporádicas en revistas de arte, contamos con el único libro monográfico dedicado a su vida y obra escultórica. Editado en Murcia, 1983, por la Academia Alfonso X el Sabio y escrito por Antonio Hernández Valcárcel, el libro "El escultor Antonio Garrigós" es una excelente obra de precisión, estilo y claridad expositiva. En el mismo se recoge un catálogo de 140 obras escultóricas realizadas por Garrigós y una información hasta ahora desconocida para la gran mayoría, como supone la inspiración a la hora de esculpir la talla de nuestro querido Cristo del Consuelo.


"Prácticamente todo el año cuarenta y nueve y parte del siguiente, trabajó Garrigós en silencio, preparando la exposición de arte sacro (para la Sociedad Económica de Amigos del País en Murcia), a la que quería llevar un Crucificado de tamaño natural en el que tenía puestas sus esperanzas.

Ya a mediados de junio había llevado a los locales donde haría la exposición algunos de estos trabajos, que completaba con otros que no incluía en la definitiva muestra. Allí estaba el Cristo, la Aparición de la Virgen de Fátima y la Anunciación, todas destinadas al definitivo catálogo. Se completaba esta pequeña colección con dos relieves: el Pretorio y el Nacimiento. Este último de extraña factura, con policromía bastante fuerte y una composición algo extraña por lo irregular; tiene en la parte superior , sobre lo que debía de ser el Portal, una nube entre la que se mueven tres angelitos y un grupo de palomas realizadas con una ingenuidad casi infantil, al igual que el paisaje de palmeras apenas esbozadas, que contrastan con la delicadeza y acierto con que se trata las figuras de la Virgen y el Niño. San José, en pie, observa cómo dos angelillos y un pastor adoran al Niño; en el aspecto compositivo, su figura y la de los que se encuentran a su espalda, sirven de unión entre el grupo inferior y el superior de los ángeles. Es un relieve, pues, con tres niveles claramente marcados.

Desconocemos la razón de la ausencia de estos dos relieves en la posterior exposición, pero lo cierto es que el día 3 de septiembre de 1950 se inauguraba en el patio de la Economía, con el siguiente catálogo:

En primer lugar la formidable talla del Crucificado, obra de plena madurez escultórica que no se apartaba de los cánones estrictamente tradicionales. El detallado estudio anatómico y las correctísimas proporciones  sin duda supusieron una sorpresa para muchos que se empeñaban en ver en Garrigós solamente al hacedor de belenes y de pequeñas esculturas toscas y simples que no llegaban a entender. Realmente la figura de Cristo crucificado siempre había despertado en Garrigós una concepción casi invariable, partiendo de unas proporciones regulares, con la amplitud de los brazos idéntica a la altura del cuerpo, de manera que podría inscribirse en un cuadrado. Quizá el punto de partida de este Crucifijo fuera el que existe en la Iglesia de San Nicolás de Murcia, obra de Salzillo, y que Garrigós conocía bien; la semejante forma de tratamiento del pelo, barba, y de la actitud misma del Cristo, hacen pensar en ésto, aunque en ningún momento pierde el escultor su fuerza expresiva y tradicional personalidad. El suyo es un Cristo menos sangrante que los dieciochescos , más musculoso, y de policromía totalmente diferente, más apagada y grisácea; es, si se quiere, por todo ésto, una concepción del Crucificado más irreal, que no pretende promover sentimientos de dolor, sino impresionar al espectador por el camino de la serenidad y de la fuerza espiritual que sabe dar Garrigós a sus esculturas.

En su actual emplazamiento -la Iglesia de la Purísima, de Albacete- el Cristo recibe un foco de luz difusa proveniente de una claraboya que se encuentra en la parte superior, y da a la figura un aire aún más misterioso e irreal, con una coloración que en momentos raya lo verdoso. En Albacete esta talla figura en un desfile procesional de Semana Santa, y el pueblo siente una gran devoción por ella, quizá movida por el gesto sereno del rostro de correctos rasgos como toda la talla , y por la increíble policromía, plena de matices y de extraños e irisados tonos."

Como es sabido, semanas después de esta exposición, concretamente el 28 de septiembre de 1950, se repitió en los salones del Casino Primitivo de Albacete, adquiriendo la talla del Cristo del Consuelo un grupo de albaceteños ilustres, que con este motivo fundaron la Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis, en una fría noche de enero de 1951.

Resulta imprescindible profundizar en la talla de Francisco Salzillo que inspiró a Garrigós para  esculpir al Cristo del Consuelo. En la Iglesia de San Nicolás de Bari de Murcia tiene su sede canónica la Real y Venerable Cofradía del Santísimo Cristo del Amparo y María Santísima de los Dolores, que, con su magna Procesión del Viernes de Dolores, inaugura cada año la Semana Santa murciana. Esta Cofradía, conocida popularmente como los "Azules", tiene como titular al Santísimo Cristo del Amparo, magnífica imagen sagrada de Cristo Crucificado, realizada por el universal e inigualable escultor murciano Francisco Salzillo y Alcaraz.

Santísimo Cristo del Amparo

Los antecedentes históricos de la imagen se remontan al año 1739, mencionándose en un documento de 27 de abril, que Don Juan Antonio Azcoytia cedió a la familia Galtero el crucero del evangelio de la Iglesia de San Nicolás, y el retablo que había servido hasta entonces al altar mayor, para colocar al Smo. Cristo del Amparo.


La imagen posee un gran acento italiano en su estilo, y aunque se le ha atribuido a distintos escultores, entre ellos a Antonio Dupart, el más aceptado es Francisco Salzillo, según la catalogación del doctor Sánchez Moreno, incluyéndolo en la primera etapa del genio, hacia 1739, por lo que podría ser el primer crucificado de su vasta reproducción.

Tallado en madera policromada, la escultura es de tamaño menor al natural, con unas medidas de 1'30 por 1'22 metros, que representa a Jesús ya fallecido y crucificado por tres clavos a una cruz arbórea.

De bellas facciones y placidez en su muerte, ladea su cabeza que reposa sobre su hombro derecho, con caída de su cabello moreno y ondulado, mostrando sus ojos cerrados, pómulos amoratados, nariz puntiaguda, boca entreabierta con dientes tallados, y barba corta dividida en la barbilla.

Reciente su fallecimiento, mana aún sangre de su costado, llagas y múltiples heridas que derivan del terrible martirio padecido, sobre una anatomía también tratada que tan sólo un buen escultor podría ejecutarla con la elegancia y delicadeza que transmite, destacando sus extremidades clavadas a la cruz. El movimiento lo genera el paño de pureza tallado y policromado en color azul.


El Santísimo Cristo del Amparo va clavado a una cruz arbórea, rematado por la cartelera del I.N.R.I. en plata con guarnición dorada en los puntales de la cruz, ricamente labrada en los talleres de orfebrería de Santa Clara de la ciudad de Sevilla. En distintas ocasiones ha desfilado con o sin corona, aunque posee un ajuar de dos diferentes en metal dorado y de espinas.

Durante la Guerra Civil española fue guardada y salvada la imagen en el Museo Provincial, devolviéndose un vez finalizada la contienda a su Iglesia de San Nicolás de Bari. Garrigós junto a otros escultores y pintores, fueron los artífices de salvar gran parte del patrimonio escultórico y en particular las obras de Salzillo, por las que profesaba gran admiración, hasta el extremo de poner su vida en riesgo.

En la Cuaresma de 1986, fue sometido el Cristo a una leve intervención por el escultor y hábil restaurador, Don José María Sánchez Lozano; y en el año 2005, se interviene de nuevo y en profundidad en el Centro de Restauración de la Comunidad  Autónoma de Murcia.

Para finalizar este recorrido, por lo que para muchos será un descubrimiento, señalar que Garrigós realizó en 1926-27 el Cristo de la Humillación, destruido en 1936 en Tarragona, donde pertenecía a una de las Cofradías de Semana Santa. Los otros tres Cristos crucificados que esculpió son tallas de madera policromada, dos de gran tamaño, nuestro Cristo del Consuelo y el llamado Cristo gemelo que se encuentra en la Iglesia del Carmen de Murcia, donado por la familia Garrigós y relegado a la Sacristía, tras permanecer en el gran retablo de marmol del altar mayor. El tercer Cristo, de menor tamaño, 60cm, lo conserva en propiedad la familia Garrigós. En palabras de su nieta, Rosa Campillo Garrigós, Historiadora y especialista en Gestión de Patrimonio, recogidas en la revista Ars Sacra número 13:

"Algo que llama la atención de los Cristos de Garrigós es que los tres están dormidos. ¿Podemos pensar que Garrigós no quiso seguir el estilo de los Cristos trágicos, tan españoles?. No lo sabemos. Sí llama la atención la ausencia de espasmos, de sangre... En estas figuras prevalece la paz, la mirada hacia esta tierra, hacia la gente que contempla, la invitación a la reflexión cristiana frente a la muerte de Dios. Uno de los grandes Cristos de Garrigós está en la Iglesia de la Purísima de Albacete"... y por suerte es la única imagen de este gran escultor que procesiona en Semana Santa.

Santísimo Cristo del Consuelo. Fotografía: Grupo de Comunicación La Cerca.

domingo, 9 de diciembre de 2018

El retablo barroco de la Purísima

En el año 2007, con motivo de la restauración del magnífico retablo barroco de la Purísima -sede canónica de nuestra Cofradía-, el Instituto de Estudios Albacetenses editó la siguiente publicación que rescata su historia y el indudable valor artístico y patrimonial. Fuente: Biblioteca Digital de Albacete "Tomás Navarro Tomás". Texto: Luis Guillermo García-Saúco Beléndez.






EL RETABLO BARROCO DE LA PURÍSIMA DE ALBACETE

La restauración del retablo mayor de la Parroquia de la Purísima Concepción de Albacete debe considerarse un acontecimiento para la ciudad, ya que por la escasez de nuestro patrimonio local no conoce demasiados precedentes al respecto. Por tanto, debemos felilcitarnos por tal circunstancia que se produce merced a la sensibilidad y buen hacer de la Consejería de Cultura de nuestra región, a través de su Delegación Provincial, a los acuerdos de la Comisión Mixta, y aquí hay que citar los nombres de Llanos Moreno y Luis Enrique Martínez Galera.

Hace pocos meses, asistíamos, también, en el Museo, a la presentación de un plano de la Villa de Albacete, del año 1767 que estaba en manos privadas y ha sido adquirido por la Consejería para pasar a ser ya propiedad pública, como bien de todos. Precisamente, este importante documento gráfico y manuscrito versa sobre una circunstancia que afecta directamente a este templo de la Purísima, ya que constituye el expediente que en aquel año de 1767 el Concejo de la Villa iniciaba para que esta iglesia, que había sido regentada por la Compañía de Jesús desde principios del siglo XVIII y que en ese año se clausuraba por la Real Pragmática de Carlos III, se constituyera en ayuda de parroquia de su matriz, San Juan Bautista. Para ello, y como muestra de la extensión del barrio de la Cuesta -hoy llamamos de Carretas- se delineaba un plano de toda la población, el más antiguo que existe de nuestra ciudad, y en donde se suministran detalles de todo tipo y nos da noticia de lo que era nuestra vieja villa a mitad del siglo XVIII.

Del siglo XVIII, aunque de los primeros años de la centuria, es este retablo que hoy disfrutamos espléndidamente restaurado y al que dedicamos nuestra atención como obra de arte y marco de liturgia. Hace casi treinta años, investigando en la sección de Protocolos del Archivo Histórico Provincial, tuvimos la oportunidad de encontrar la documentación sobre este magnífico retablo, en lo relativo a su ejecución material; esto supuoso la publicación en 1978 de uno de nuestros primeros artículos en la revista Al-Basit (n.º 5), del Instituto de Estudios Albacetenses; así, bajo el título de "Dos retablos barrocos en Albacete" nos referíamos a este que hoy volvemos a tratar y al lamentablemente desaparecido de San Juan Bautista, una grandiosa máquina barroca coetánea sobre la que se abren numerosos interrogantes.

Como bien es sabido, el retablo que hoy preside nuestra iglesia de la Purísima procede del desaparecido convento de Justinianas de la Concepción que estuvo situado en la plaza del Altozano. Un monasterio fundado en 1571 por Doña Juana Ruiz de Cañabate, viuda de Antón Sánchez de Munera que con sus hijas, doncellas, iniciaron su vida conventual de Canonesas de la congregación de San Jorge in Alga, según la norma de San Lorenzo Justiniano, siendo uno de los primeros conventos fundados en España vinculados a la ciudad de Venecia. Ciertamente aquel monasterio fue próspero y se estableció en una casa-palacio blasonada del siglo XVI que conocemos por fotografías de su exterior y que después fue Delegación Provincial de Hacienda. Los escudos renacentistas de su fachada se guardan hoy en el Museo Provincial. La capilla, que en principio tuvo aquel convento fue pequeña, por lo que en 1680 se inició la construcción de un espacioso templo, que también conocemos por fotografías; de tal modo que pocos años después, concluido el mismo, se planteó la ejecución de un suntuoso retablo que es el que hoy contemplamos, como culminación del adorno de aquel edificio. Dejando aparte la descripción y estudio documental de esta pieza artística añadiremos que en esa fecha de 1702, el 22 de abril, se firmó el contrato de ejecución, ante el escribano público Pedro Gómez de la Cuesta, con el maestro de escultura y ensamblaje Francisco Montllor, que hizo baja y mejora en la subasta de la obra frente a otro maestro del mismo oficio, el valenciano Joseph Lluc, todo por siete mil quinientos reales de vellón, con un tiempo de ejecución de un año; de tal modo que el 22 de abril de 1703 la obra debería estar concluida y plantada, a falta del dorado y la policromía, que se llevaría a efecto, según otro contrato de 1708, a lo largo de otro año, por los maestros doradores valencianos, Antonio de Moya y Joseph Ychez, por la cantidad de 4.500 reales de vellón. Así, para un templo barroco recién concluido se construía un retablo de la misma línea. Sin embargo hay que advertir otros datos. En ese flamante retablo se colocaría una imagen de la Inmaculada Concepción más antigua y que habían traído en el siglo XVI las monjas desde Murcia en el momento de la fundación, para lo cual en el contrato se especificaba que habría de labrarse una peana "bien trabajada con buena hojarasca" en el nicho principal. Evidentemente, aquella imagen renacentista, quizá del escultor y arquitecto Jerónimo Quijano, el autor de las columnas de la Catedral, y que se conserva en propidad privada, contrastaba claramente con el estilo del nuevo marco barroco, por lo que años después, en 1745, la comunidad monástica encargó a Francisco Salcillo una de sus más exquisitas producciones escultóricas, una talla con idéntica advocación que en los años de la Desamortización, de 1837, volvió con las monjas al convento de Justinianas de Murcia donde se guarda, afortunadamente. Quizá sería deseable hacerle una copia para presidir de nuevo este gran retablo y sustituir la talla industrial que hoy alberga el camarín.

Como ya hemos indicado, en el siglo XIX con la nuevas ideas del Liberalismo se produjo la Desarmotización de Mendizabal -una adecuada medida teórica pero mal llevada a efecto, pues fue una desgracia para los bienes artísticos españoles y albaceteños en particular- lo que supuso el cierre del convento de Justinianas, al no alcanzar el número de religiosas previsto por la ley. Así tras diversas vicisitudes el convento quedó clausurado en 1837 y las monjas marcharon a Murcia con sus hermanas de religión, llevándose consigo la imagen titular, de Salzillo. El convento pasó a ser Delegación Provincial de Hacienda y la iglesia se abría ocasionalmente, aunque todo el conjunto era propiedad de dicha institución estatal y con ello se llega al siglo XX. El viejo conjunto conventual estaba, al parecer, en pésimas condiciones y no existía por el patrimonio el interés que pueda haber hoy, por lo que en 1935 se plantea la construcción de una nueva Delegación Provincial de Hacienda en parte de lo que habían sido huertos conventuales -donde hoy está-  y con la idea de hacer más espaciosa la plaza del Altozano. Este hecho supuso que las imágenes que guardaba el templo y tenían más devoción popular pasaran a ser donadas a otras iglesias de la ciudad, donde lamentablemente se perderían en los trágicos momentos de la Guerra Civil, y otras fueron regaladas a personas particulares. Sólo al final quedó el retablo que fue también donado a un carpintero con la condición de desmontarlo en un taller de este barrio. Hemos tenido la oportunidad de saber quién fue aquel carpintero y sabemos que se llamaba Rogelio Martínez Fernández y vivía en la calle Concepción 41, frente al lateral de la iglesia, según nos asegura una nieta del mismo. Después vino la desgraciada Guerra Civil y la destrucción del retablo que había en este templo de la Purísima que también era barroco, pero de menor calidad artística.

En 1939, aquel carpintero, Rogelio Martínez Fernández, regaló y montó en esta parroquia, con ayuda de otros, entre ellos un tal Alejandro Masip, también del barrio, el retablo que durante más de cuatro años había permanecido desarmado en la cueva-sótano de su casa. El montaje no fue perfecto, se excluyó -quizá por altura- un plinto en el ático y algunas piezas faltaron, se hicieron repintes y los barnices han oxidado, pero debemos felicitarnos de que aquella obra artística se salvara de una destrucción cierta y la memoria de aquel carpintero debe recuperarse. Hoy con esta restauración, llevada a cabo por la empresa "ALFAGÍA, Conservación de Bienes Culturales", la obra artística cobra parte de su primitivo esplendor para todos.

Independientemente de la trayectoria histórica expuesta conviene que analicemos formalmente lo que es esta singular pieza que responde estilísticamente a un barroco pleno, según los postulados establecidos a fines del siglo XVII por los Churriguera, de ahí que nuestra pieza debemos adscribirla a esta línea, a veces denostada por los viejos académicos, de churrigueresca, con un estilo lleno de hojarasca, abundancia ornamental, movida planta y uso de columnas salomónicas y estípites, donde la propia arquitectura comparte espacio y formas con la escultura y aun con la pintura; quizá la obra puede presentar incorrecciones en la ejecución pero el resultado es adecuado y notable.

El retablo consta, básicamente, de un fundamento o banco, un cuerpo principal y un ático. La planta es movida con ahuecamiento hacia el eje central en donde resalta el manifestador que tras la restauración ha vuelto a su lugar original y que se enmarca por sendas columnas salomónicas. Aquí, según la documentación, hubo un mecanismo, no conservado, que reflejaba perfectamente el gusto por la teatralidad barroca, así, en el documento de ejecución se dice: 

"...a de poner una tramoia que salga dentro del sagrario que a de ir a las manos del sacerdote para trasmudar la forma"

Del mismo se proyectó, y así lo indica el contrato de ejecución, que se "ha de haçer, por ser mas deçente, para sacar la custodia una nube y al cabo de ella un anjel y este a de sacar la custodia de dentro de el sagrario asta la mesa de altar a las manos del sacerdote y a cada lado de la custodia un angel con una vela en las manos con una cornucopia alumbrando la custodia y en dicha nube a de haver en los lados enredados cinco o seis ánjeles de cuerpo entero y otros cinco o seis serafines de vuen adorno de nubes entre ellos y acabada la procesión o funçión que se ará, el sacerdote pondrá la custodia a los hombros del anjel y se volverá dicho anjel con al decencia devida, poco a poco dentro del sagrario recojiendose todas las nubes y ánjeles a su sentir de donde salieron"

Lamentablemente este curioso mecanismo no ha llegado hasta nuestro días y en su lugar sólo hay un manifestador dorado interiormente, aunque recordamos en nuestra infancia un teloncillo con una custodia pintada.

Sobre el plinto se levanta el cuerpo principal del retablo, en cuyo centro se situa la hornacina que debió tener un discreto camarín que tuvo un "pocaporte" o telón de cierre, todo en arco de medio punto y a ambos lados sendas parejas de columnas salomónicas con "zinco muchachos de cuerpo entero en cada columna enredados de los cogollos de talla, con diferentes posturas muy garvosos y de relieve entero" y en los extremos laterales unos adecuados estípites, los primeros de este tipo que encontramos en la zona -en otros retablos posteriores, Almansa o Liétor-, ya es frecuente este tipo de soporte tan genuinamente barroco. En principio, y según el contrato, en los intercolumnios, hoy con abundante hojarasca, habrían de situarse las imágnes de talla de San Lorenzo Justiniano y Santa Teresa que después quedaron en el remate, según vemos. Sobre las columnas viene la "cornisa pincipal...toda alquitranada con sus modillones y tambanillos de buen garbo...y el tarjón de en medio -dice el contrato- tenga obligación de hazerle según está en la traza" y así de hizo.

Entre el ático o cuerpo superior y el principal, hubo originariamente una especie de plinto que se eliminó en su actual montaje, pero que se puede apreciar por una antigua fotografía donde el retablo aparece en su ubicación original. Este ático forma un gran cuerpo en medio punto, en cuyo centro se situa un lienzo con marco de orejas con la representación del Calvario, con sendas columnas salomónicas y en los extremos las tallas de San Lorenzo Justiniano y Santa Teresa de Jesús que, como hemos indicado, según el contrato, deberían ir, en origen, en los intercolumnios inferiores y que aquí habrían de colocarse, según la mencionada documentación "dos ángeles con las insignias del sol y la luna uno a cada parte en medio del mazizo de la columna", en una alusión inmaculista ("Pulcra ut luna, electa ut sol"), aunque estos no llegaron a colocarse pues en su lugar están los aludidos santos, si bien es cierto que se optó por colocar unos querubines en relieve al fondo.

Por último, un detalle: hay en la clave superior del arco un florón colgante que hoy es un simple elemento ornamental pero en el contrato se especificaba que habría de tener "ángel pendiente con una corona de laurel, una espada en la mano y en la otra una mata de olivo". Un elemento éste, que no se ha conservado, pero que también refleja hasta qué punto la teatralidad del barroco llega a su últimas consecuencias.

Este es, pues, el único retablo barroco y churrigueresco de envergadura que conserva hoy la ciudad de Albacete, hay otro rococó que apunta al neoclasicismo en la bellísima ermita de San Pedro de Matilla, en Los Llanos, que es poco conocido y de difícil acceso ya que es una propiedad privada; pero esta extraordinaria máquina de la Purísima, recuperada para todos es una riqueza a conocer en nuestra ciudad, un bien a disfrutar en lo religioso y lo estético; un punto de referencia para muchas generaciones de albaceteños, que debemos seguir conservando y cuidando para que los venideros en el tiempo puedan también disfrutar de una obra de arte barroca que en otros momentos no fue debidamente valorada y que hoy se recupera con esplendor y belleza más de trescientos años después de su ejecución; esperemos que dentro de otros trescientos con otras tecnologías, con otros ritmos de vida, con otras formas de pensamiento, otros albaceteños reparen en esta obra que les legó el pasado como signo de sensibilidad humana en todas las dimensiones.


LUIS GUILLERMO GARCÍA-SAÚCO BELÉNDEZ
Instituto de Estudios Albacetenses "Don Juan Manuel"

martes, 13 de noviembre de 2018

La "resurrección" del Cristo del Consuelo

Por su interés, reproducimos el artículo de Sánchez de la Rosa en su sección "El reloj de arena", publicado en el desaparecido diario La Verdad el domingo 12 de febrero de 2012, año en el que el Cristo del Consuelo fue la imagen del cartel anunciador de la Semana Santa de Albacete y que profundiza en la figura de su escultor Antonio Garrigós.


La "resurreción" del Cristo del Consuelo

La imagen del Cristo del Consuelo, protagonista de la Procesión del Silencio, ha sido elegida para el cartel anunciador de la Semana Santa de Albacete de este año, que será presentado el próximo 22, Miércoles de Ceniza, en el salón de plenos del viejo Ayuntamiento.

Al llegar este "paso" a las Carretas a medianoche, tras su salida del templo de la Purísima donde pasa el año, un estertor de oscuridad y redobles acaba con su vida. La expresión de la muerte está en sus ojos desde que lo esculpió aquel hombre bueno que se llamó Antonio Garrigós Giner, que tuvo aquí un hijo cura y quiso dejar en Albacete la huella de sus pasos, haciendo esta talla que desfila el Jueves Santo, cuando el primer día de los tres que relucen más que el sol se entrega a las tinieblas. La procesión, a las doce, con Jesús de cuerpo presente, avanza por un callejero tradicional a oscuras, sabiendo muy bien a donde va. Es todo un entierro parroquial, como los que yo veía siendo niño desde la casa de la Ñoña, mi abuela, en la calle Concepción, la mujer que mejor hacía el moño de picaporte a las muchachas que se vestían de manchegas. Entonces salían de la iglesia los cortejos fúnebres y el duelo se despedía en la calle Salamanca, siguiendo el féretro, ya solo con la familia, hasta el cementerio municipal.

Recuerdo muy bien aquellos cortejos desde el templo familiar donde fuí bautizado. Este desfile pasional, también funerario, arranca de "la Compañía", la iglesia que la gente llamaba así porque allí estuvieron los jesuitas hasta que fueron expulsados de Albacete, como en todas partes. La imagen de Garrigós cruzará otra vez el barrio obrero al final de la Cuesta bajando por la calle del Tinte hasta Teodoro Camino para seguir por la Avenida de España y después alcanzar la Plaza de Gabriel Lodares y tomar la gran ruta urbana por la Calle Ancha, recibir el homenaje floral de los tulipanes del Altozano y continuar trayecto arriba por San Agustín para volver a casa. El latido sonoro del tambor y los pasos penitentes -como prefieren llamarse estos cofrades- acompañarán en todo momento un tránsito que conmemora un tiempo de angustia y de dolor, la horas que pasan, en el filo de un viento como el de una navaja, que traspasa el alma, con los macizos de claveles en las andas para mitigar una escenografía dramática. Cuando venía Garrigós a la ciudad, ensayando el destino de su obra, solía dar un paseo por el Parque, el sitio favorito de un visitante que nunca sería forastero. Tuve ocasión de hablar muchas veces con él, desde que nos presentó su paisano Elías Ros, compañero en Radio Albacete. Rechazaba amablemente las entrevistas -"yo prefiero expresarme con el cincel"-, decía, pero era un conversador locuaz, amenísimo, que contaba anécdotas de su juventud y lo que llamaba "tostones de viejo". Un domingo, después de la misa de doce en la que coincidimos, le acompañé en su paseo. Al llegar al monumento dedicado a Saturnino López se interesó por el personaje. Le expliqué que fue un filántropo al que los albaceteños debíamos el agua, pues nos cedió el manantial de su propiedad en el paraje de los Ojos de San Jorge. No le escandalizó que yo le dijera que fue "un santo republicano", pero sí hizo un comentario sobre el agua, "que cuando falta ocasiona enormes problemas, en realidad es una lucha ancestral por su posesión, porque es imprescindible para la vida", vino a resaltar, citando la "sed bíblica" que dio lugar en la historia a grandes conflictos. Y todo el rato se lo pasó elogiando la ciudad que dijo querer como si fuera la suya. "Por algo en el pasado fuimos ciudadanos de la misma región", matizó.

El escultor, nacido en el pueblo murciano de Santomera y con un bagaje artístico notable, se dio a conocer en Albacete en 1951 en una exposición en el Casino Primitivo. Allí recibió a un grupo de personas interesadas en su trabajo para encargarle el Cristo que habría de ser una joya de nuestra imaginería de la Pasión. Entre los visitantes se encontraba su hijo, Antonio Garrigós Meseguer, que era coadjutor de la parroquia de la Purísima, y que accedió a colaborar en el proyecto, eso sí, descartando toda vinculación que tuviera algo que ver con cuestiones económicas o comerciales. Serían los primeros contactos que culminarían con la creación de una escultura personalísima del artista que murió en Madrid, a los 80 años de edad, tras medio siglo de profesión, en 1966. Nadie que le conoció ha podido olvidar su voz cálida, su mostacho blanco, su caballerosidad. Nos dejó este crucificado que expira con las agujas del reloj municipal clavando la hora crucial y su corazón ya detenido en la eternidad, que late sin embargo, como el de su autor, en la devoción y en la memoria albaceteña. Garrigós fue uno de los artistas murcianos interesados en cultivar un arte integrado en las tradiciones locales, "plasmando en figuras y terracotas -como destacó un crítico- una mezcla de innovación y costumbrismo que gustó tanto dentro del país como fuera". Frecuentó el conocido Grupo del Café Oriental, un café céntrico de Murcia en el que se reunían en animadas tertulias distintos artistas, entre ellos el pintor Luis Garay, que sería suegro y maestro del albaceteño José Antonio Lozano. Su estilo tenía claras reminiscencias románticas y en varias obras de estilo italianizante.

Su imagen del Cristo del Consuelo, motivo de esta crónica, desfiló por primera vez en la Semana Santa de 1951, en la Procesión del Silencio, que curiosamente ya se celebraba, aunque se ignora su continuidad, en 1926. La nueva cofradía -en la que estaban vetadas la mujeres- se había fundado ese mismo año y sus miembros desfilaron sin túnica, luciendo en el pecho un crucifijo con un cordón morado.

El cartel que difundirá la imagen "resucita" en la litografía toda su patética dimensión artística, y nos permite renovar nuestra admiración por la figura inolvidable de su autor.

lunes, 23 de abril de 2018

La "Sociedad de Señoras", precursora de la Procesión del Silencio


Aportamos un testimonio más al origen de la Procesión del Silencio, esta vez extraído del interesante libro "ALBACETE ANTIGUO: LAS DEVOCIONES PERDIDAS", publicado por el Instituto de Estudios Albacetenes "Don Juan Manuel" y cuya autora es María Mercedes Meya Iñiguez.

La iniciativa partió como es sabido del Párroco de San Juan, Paulino Bustinza, junto a la Sociedad de Señoras, asociación esta que data de 1853, constituyéndose como "Sociedad religiosa de Señoras de Albacete dedicada a sostener el culto divino en las Iglesias de Justinianas y San Agustín de la propia Capital". 

Cuando en los años veinte la Semana Santa aún se reducía a la Procesión de los Pasos el Miércoles Santo, la del Nazareno el Viernes Santo por la mañana y la del Entierro por la tarde, y la del Resucitado el Domingo de Resurrección, a partir de 1926 resurgieron cofradías penitenciales, quedando únicamente sin encontrar cofrades el Santo Entierro, la Soledad y el Resucitado. Gracias a la labor de la Sociedad de Señoras y del Párroco de San Juan, Don Paulino Bustinza, se marcó el punto de inflexión hacia el alza con la creación de la Procesión del Silencio en marzo de 1926. A partir de las 12 de la noche del Viernes Santo desfilaron en primer lugar las señoras, bajo la presidencia de la Junta Directiva de la Dolorosa y a continuación la Imagen. Luego los nazarenos de las diferentes cofradías, siguiendo sus guiones, y seguidamente la Imagen de Nuestro Padre Jesús (Nazareno). Detrás la presidencia, y delante de ella en ambas filas, los caballeros sin túnica. Finalizaba el desfile con la presencia de una ambulancia y la Banda de la Cruz Roja, dirigida por el director de la Banda Municipal, Sr. López Varela.

lunes, 16 de abril de 2018

1926, origen de la Procesión del Silencio

Continuando con la labor de investigación sobre el origen de la Procesión del Silencio, Juan Fresneda ha conseguido a través del fondo documental del Instituto de Estudios Albacetenses y en concreto la Biblioteca Digital de Albacete "Tomás Navarro Tomás", las noticias que aparecen en "El Diario de Albacete" de marzo y abril de 1926, donde se constata la primera salida procesional, el 1 de abril de 1926, partiendo desde la Iglesia de San Juan Bautista a iniciativa de su cura párroco D. Paulino Bustinza y Lausen.

En la documentación consultada a través de "El Diario de Albacete" y "Defensor de Albacete", se ha podido comprobar que la Procesión del Silencio se mantuvo hasta el año 1931. Posteriormente, en el año 1941, el diario "Pueblo" también menciona la celebración de la Procesión del Silencio, no habiendo hasta la fecha más referencias hasta 1951, año fundacional de la Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis.

 23 de marzo 1926


LAS PROCESIONES DE SEMANA SANTA

Convocada por el párroco arcipreste señor Bustinza, se celebró ayer tarde una reunión en la sacristía de la Iglesia de San Juan, para tratar de la organización de las procesiones de Semana Santa.

Entre los reunidos hubo absoluta identificación de criterios, respecto a lo que deben ser, y seguramente serán en años venideros, estas manifestaciones del culto externo; pero este año, dado el escaso tiempo que falta, solo podrá atenderse a la organización de los elementos existentes y salida de algunas otras imágenes que no figuraban en las procesiones de años anteriores.

También se tomó el acuerdo de celebrar el día de Jueves Santo a las 12 de la noche la "procesión del silencio", estando a la disposición de los que deseen suscribirse, en la sacristía de dicha iglesia de San Juan, las listas de los señores que quieran velar en dicha noche, por turnos de media hora.

De otros detalles se trató, pero como la comisión nombrada ha de trabajar con carácter permanente en los días que faltan de mes, ya nos ocuparemos en números sucesivos de los proyectos que tiene y del trabajo que va dando por concluso, con el fin de que no carezcan de la pública asistencia.

31 de marzo 1926

Divinos Oficios de Semana Santa

Parroquia de San Juan

(...) Jueves Santo - Por la mañana, diez, el Santo Sacrificio de la Misa. Por la tarde, a las tres, el Lavatorio, predicando a continuación el sermón de Mandato el señor Cura párroco. Después Maitines y sermón de Pasión, que predicará el señor don Daniel Jover. Por la noche, a las doce, Procesión del Silencio. (...).

3 de abril 1926

Los cultos de Semana Santa

(...) Mención especial merece la procesión del silencio, celebrada por primera vez en esta capital, en la noche del Jueves Santo, cuyo éxito ha superado a toda ponderación. Para dar una idea de la concurrencia, bastará que digamos, que cuando la cabeza de la procesión se encontraba frente al edificio de la Audiencia Territorial, la presidencia no había salido aún de la iglesia de San Juan. La procesión duró tres horas, y la piedad de las damas de Albacete dio un ejemplo más de su fe acrisolada y de su espíritu de sacrificio. (...).

14 de abril 1926

De re procesional

(...) De las celebradas en la Semana Santa última, la que ha merecido el aplauso de todos ha sido la del "Silencio", por el orden con que se hizo.

Y ¿por qué se hizo con orden?

La pregunta atinada nos dará la clave de por qué las demás procesiones no son ordenadas, donde está la causa.

Tres cosas hay que distinguir en aquella procesión: pocas imágenes, (dos, Jesús Nazareno y la Dolorosa), marcha ininterrumpida de las filas y separación de hombres y mujeres en las filas, colocándose los hombres todos, sean chicos o grandes, a continuación de aquellas.

El que fueran solamente dos imágenes y no cuatro, ni cinco, ni seis, ni ocho, no hay duda que facilitó muchísimo el orden de marcha en las filas: porque es defecto muy general el pararse los que van en las filas cuando se para la imagen más próxima. Como las paradas de las imágenes no son ni pueden ser fácilmente simultaneas, sino discrecionales a merced del que es el guía o encargado, y mientras unas están paradas las otras siguen su marcha y como las filas proceden del mismo modo, de ahí los cortes y el desorden.

Es mucho lo que hay que decir para poner las cosas con toda claridad y proponer el remedio.

Continuaremos, pues, otro día.

PAULINO BUSTINZA

16 de abril 1926

De re procesional

II

Continuemos. En el artículo anterior expuse mi opinión, basada en la observación de muchos años, de que, las paradas sucesivas de las imágenes cuando estas son más de dos o tres, causan la paralización de la marcha de las filas próximas, dando lugar con ello a los cortes y al desorden.

Como en la del "silencio" no hubo más que dos imágenes, no hubo que temer cortaduras en las filas por esta causa, o en el caso de haberlas habido hubiera sido fácil el arreglo.

La otra cosa, la segunda de las tres que se distinguieron en esa procesión mencionada, fue la marcha ininterrumpida de las filas; mas claro, las filas sin solución de continuidad.

¿A qué causa se debió?. Nada más que a esta. Que las señoras, como todas las demás personas que formaron parte en la procesión, fueron obedientes a la menor indicación que se les hizo.

Ocurre en las otras, que hay mujeres y hombres que se creen con un derecho sagrado e indiscutible a colocarse donde quieren, a machar y pararse cuando se les antoja. Habiendo nada más que cuatro o seis sujetos de este jaez imposible que marche bien la procesión.

Y la otra cosa distintiva de la del "silencio" fue que los hombres todos, pequeños y mayores, fueron colocados al final, a continuación de las mujeres, sin tolerar de ningún modo que se instalasen entre ellas.

Desde luego hubo otra nota distintiva que fue el silencio que guardaron todos los que iban en las filas y el público. Sin embargo no tomo esta nota del silencio como base para discutir sobre el orden de las procesiones, por ser esta nota la característica exclusiva de esta procesión, que por algo ha de llamarse del "silencio".

De las tres notas mencionadas como distintivas, hemos de destacar la que se refiere al número de imágenes, que aún cuando influye en la marcha ordenada de una procesión el haber una o dos por las razones expuestas, como no todas las procesiones pueden ceñirse a conducir número tan limitado, no debe tomarse en consideración esa circunstancia "máxime" cuando por otro lado puede remediarse el mal causado por las paradas.

Solo he querido llamar la atención sobres estas paradas y los efectos consiguientes, cosa que se evitó en las del "silencio" y no se "puede" en las de Semana Santa como expondré más adelante.

De lo expuesto sacamos las siguientes conclusiones que contribuyen de modo principal y casi único a la marcha ordenada de las procesiones.

1ª. Que pasadas las imágenes se evite la detención de la marcha de las filas.

2ª. Que los que toman parte en ellas obedezcan a quien o quienes tienen encargo de regir la procesión, debiendo saber que no están allí para hacer lo que quieran.

3ª. Que todos los hombres vayan, o a la cabeza o atrás: jamás mezclados con las mujeres.

Continuaremos otro día.

PAULINO BUSTINZA


12 de abril 1927

LA PROCESIÓN DEL SILENCIO

Habiéndonos dejado grato recuerdo la Procesión del silencio, que se celebró el año pasado, primera vez en esta capital, y que por el orden y compostura de los que en ella tomaron parte, así como por la respetuosa actitud del público, todo Albacete puede afirmarse estuvo presente, llamó la atención produciendo justos y merecidos elogios, estábamos persuadidos de que en esta Semana Santa tendríamos la repetición de dicha procesión, como es lógico y natural, y así lo acordamos con los que llevados de plausibles entusiasmos me ayudan en estas tareas procesionales.

Mi asombro no tiene límites desde que ha llegado a mis oídos el rumor de que no habrá, por esta vez, la celebración de ese acto del culto público cristiano. Y no salgo de mi estupor porque precisamente esa fue la procesión que resultó más solemne, a pesar de su sencillez, más concurrida, más respetada, más ordenada y más...cristiana.

Es altamente vergonzoso prescindir de ella mediando los laudatorios precedentes mencionados.

Una procesión como la referida es de un efecto moral y religioso notable. El silencio, que es su característica, es una insinuante predicación que vale por muchos sermones elocuentes.

Por estas razones y no puedo menos de procurar que esa procesión se celebre, y se celebrará si el público católico de Albacete corresponde a este llamamiento.

Las mujeres de todas las clases sociales pueden y deben asistir, como lo hacen en varias capitales de provincia, algo más religiosas que esta: no tendré inconveniente en citar cuales son.

Los hombres igualmente deben asistir.

Aquellas no debieron poner dificultades para asistir por si no va esta imagen o la otra. Aun cuando es un estímulo la presencia de la imagen de devoción general , no es lo principal y sustancial en esa procesión, sino cosa secundaria aunque importante. Entendido así porque esa es la manera de entender que tiene la Iglesia en estas cosas.

Saldrá de la parroquia de San Juan a las doce de la noche del jueves, hora oficial.

PAULINO BUSTINZA



19 de abril 1927

Las procesiones

Nuestros sentimientos sinceramente cristianos padecen cada año más con el triste espectáculo de nuestras desorganizadas y antiestéticas procesiones de Semana Santa.

Las que ahora acaban de celebrarse confirman esta pésima impresión, y no vacilamos al expresar nuestra opinión de que si esto ha de continuar así, deben suprimirse tales procesiones.

La del Miércoles Santo no salió por razones que desconocemos.

La del Silencio, celebrada en la noche del Jueves Santo, resultó menos lucida y ordenada aun que la del pasado año.

Igual podemos decir de las del Viernes Santo. En la del Santo Entierro hasta el elemento oficial se retrajo en términos que se prestó a no pocos comentarios...

¿Para qué seguir?. Si no contamos aquí con un clero celoso de sus altos deberes en estas manifestaciones del culto externo; si no hay Cofradías numerosas y bien disciplinadas que acompañen a las imágenes que se exhiben en las procesiones; si todo contribuye a su falta de brillantez y solemnidad, ¿a qué conduce el ofrecer al pueblo tan modestos desfiles, impropios de una capital de provincia progresiva, culta y católica a pesar de todo?.

Mucho habría que decir, y nosotros es casi seguro que nos decidamos a abordar esta campaña, acerca de las causas que determinan el estado de cosas que comentamos en estas líneas.

Por lo pronto, conste esta franca y leal opinión nuestra, de que será preferible suprimir las procesiones a celebrarlas en la forma que hoy se hace.

Nos duele, como periodista cristianos y amantes de nuestro pueblo, llegar a esta conclusión, pero nuestra sinceridad nos obliga a exponerla claramente.

Y basta por hoy.



4 de abril 1931


La Semana Santa

Nos complace mucho consignar que en el presente año se ha celebrado las festividades de Semana Santa en Albacete con verdadero lucimiento.

Ya en nuestro número del jueves consignábamos este grato detalle, que confirmamos hoy al referirnos a la procesión del Santo Entierro celebrada anoche con brillantez extraordinaria.

En ella figuró por primera vez, causando el mejor efecto, el Capítulo de Caballeros del Santo Sepulcro.

Contratada por éste, formó en la procesión una escuadra de trompetas del regimiento de Caballería de María Cristina, de Aranjuez.

En la noche del Jueves Santo se celebró la procesión del Silencio, que también resultó muy ordenada. Después de anunciado, no debió variarse el itinerario de esta procesión.

Las Cofradías que existen en esta capital, y alguna nueva que se formará este año, deben preservar en la plausible actitud de actuar con todo celo en pro de la brillantez de las festividades de la Semana Mayor.



4 de abril 1931

La Semana Santa

Este año la Semana Santa en Albacete ha tenido mayor lucimiento que los anteriores, pues se han introducido valiosas innovaciones en cuantos actos se han celebrado.

El miércoles por la tarde se verificó la procesión de los Pasos, que resultó perfecta. La Hermandad de San Juan Evangelista llevó a su cabeza la banda de cornetas y tambores de Cartagena, que ha elogiado mucho el público.

Las Hermandades son este año más numerosas.

El Jueves Santo se dedicó a recorrer las estaciones. Los cultos, solemnes y muy concurridos.

Por la noche se verificó la procesión del Silencio, que deslució algo el frío reinante.

Y ayer tarde tuvo lugar la del Santo Entierro, a la que abría marcha una escuadra de la Guardia Civil y otra de trompetas del Regimiento de María Cristina, de Aranjuez.

Figuró en la procesión por vez primera, el Capítulo de Caballeros del Santo Sepulcro, recién formado, y que ha causado inmejorable impresión.

La Banda Municipal ha concurrido a las procesiones, al frente de su director señor Martínez. Con la reorganización dada a la Banda, ésta ha ganado mucho.

Numeroso público ha presenciado el desfile de las procesiones, que como decimos, este año resultaron bastante aceptables.

Que siga el afán de mejorarlas y se logrará que Albacete sean en este aspecto lo que debe ser.