miércoles, 16 de enero de 2019

D. Ramiro López Henares, Cofrade de Honor

En la tarde de ayer, martes 15 de enero y tras la Eucaristía celebrada en la Iglesia de la Purísima, tuvo lugar la entrega del Cofrade de Honor, reconocimiento concedido en esta segunda edición a D. Ramiro López Henares por su implicación en la difusión de la Semana Santa de Albacete y de nuestra Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis en medios locales y nacionales, clave para la obtención de la declaración de Interés Turístico Nacional.

Tras la Comunión se entregó la medalla conmemorativa a un agradecido y emocionado Ramiro López, que se desplazó ex profeso desde Estados Unidos para recibir, lo que expresó en palabras textuales, como un auténtico honor, recordando sus años pasados en nuestra Cofradía.

Agradecemos la presencia en el acto al Presidente y Secretario de la Junta de Cofradías de Semana Santa de Albacete, así como a la representación de las Cofradías de San Juan Evangelista, Santísimo Cristo de la Sangre, Nuestra Señora de los Dolores y de los Reales Tercios. 

Lectura del Acta Fundacional de la Cofradía por parte del Secretario

Palabras de entrega medalla por parte del Presidente


Agradecimiento de Ramiro López Henares

A los pies del Santísimo Cristo del Consuelo

Foto de grupo ante nuestro Cristo del Consuelo


viernes, 11 de enero de 2019

Convocatoria Asamblea General Ordinaria y Extraordinaria

Estimado Hermano Cofrade:

Por la presente quedas convocado a la Asamblea General Ordinaria de la Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis, que tendrá lugar el martes 29 de enero de 2019 a las 20:00 horas en primera convocatoria y 20:15 horas en segunda, y a la Asamblea General Extraordinaria que tendrá lugar a continuación, ambas en el Salón Parroquial de la Purísima, c/ Concepción 56, para tratar el siguiente:

ORDEN DEL DÍA ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA

1º.- Lectura y aprobación acta anterior.

2º.- Informe económico de la Semana Santa 2018.

3º.- Presupuesto económico para la Semana Santa 2019.

4º.- Actos y Cultos Cofradía 2019.

5º.- Ruegos y preguntas.

ORDEN DEL DÍA ASAMBLEA GENERAL EXTRAORDINARIA

Punto único: Aprobación Estatutos Canónicos y cambio de Asociación Cultural a Cofradía según Código de Derecho Canónico.

Nota: Los Estatutos Canónicos se encuentran disponibles en la Sacristía de la Purísima y en enlace que figura a continuación, de cara a consultas y alegaciones.

Esperando contar con tu asistencia, recibe un cordial saludo,


Francisco Monteagudo
Presidente

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domingo, 9 de diciembre de 2018

El retablo barroco de la Purísima

En el año 2007, con motivo de la restauración del magnífico retablo barroco de la Purísima -sede canónica de nuestra Cofradía-, el Instituto de Estudios Albacetenses editó la siguiente publicación que rescata su historia y el indudable valor artístico y patrimonial. Fuente: Biblioteca Digital de Albacete "Tomás Navarro Tomás". Texto: Luis Guillermo García-Saúco Beléndez.






EL RETABLO BARROCO DE LA PURÍSIMA DE ALBACETE

La restauración del retablo mayor de la Parroquia de la Purísima Concepción de Albacete debe considerarse un acontecimiento para la ciudad, ya que por la escasez de nuestro patrimonio local no conoce demasiados precedentes al respecto. Por tanto, debemos felilcitarnos por tal circunstancia que se produce merced a la sensibilidad y buen hacer de la Consejería de Cultura de nuestra región, a través de su Delegación Provincial, a los acuerdos de la Comisión Mixta, y aquí hay que citar los nombres de Llanos Moreno y Luis Enrique Martínez Galera.

Hace pocos meses, asistíamos, también, en el Museo, a la presentación de un plano de la Villa de Albacete, del año 1767 que estaba en manos privadas y ha sido adquirido por la Consejería para pasar a ser ya propiedad pública, como bien de todos. Precisamente, este importante documento gráfico y manuscrito versa sobre una circunstancia que afecta directamente a este templo de la Purísima, ya que constituye el expediente que en aquel año de 1767 el Concejo de la Villa iniciaba para que esta iglesia, que había sido regentada por la Compañía de Jesús desde principios del siglo XVIII y que en ese año se clausuraba por la Real Pragmática de Carlos III, se constituyera en ayuda de parroquia de su matriz, San Juan Bautista. Para ello, y como muestra de la extensión del barrio de la Cuesta -hoy llamamos de Carretas- se delineaba un plano de toda la población, el más antiguo que existe de nuestra ciudad, y en donde se suministran detalles de todo tipo y nos da noticia de lo que era nuestra vieja villa a mitad del siglo XVIII.

Del siglo XVIII, aunque de los primeros años de la centuria, es este retablo que hoy disfrutamos espléndidamente restaurado y al que dedicamos nuestra atención como obra de arte y marco de liturgia. Hace casi treinta años, investigando en la sección de Protocolos del Archivo Histórico Provincial, tuvimos la oportunidad de encontrar la documentación sobre este magnífico retablo, en lo relativo a su ejecución material; esto supuoso la publicación en 1978 de uno de nuestros primeros artículos en la revista Al-Basit (n.º 5), del Instituto de Estudios Albacetenses; así, bajo el título de "Dos retablos barrocos en Albacete" nos referíamos a este que hoy volvemos a tratar y al lamentablemente desaparecido de San Juan Bautista, una grandiosa máquina barroca coetánea sobre la que se abren numerosos interrogantes.

Como bien es sabido, el retablo que hoy preside nuestra iglesia de la Purísima procede del desaparecido convento de Justinianas de la Concepción que estuvo situado en la plaza del Altozano. Un monasterio fundado en 1571 por Doña Juana Ruiz de Cañabate, viuda de Antón Sánchez de Munera que con sus hijas, doncellas, iniciaron su vida conventual de Canonesas de la congregación de San Jorge in Alga, según la norma de San Lorenzo Justiniano, siendo uno de los primeros conventos fundados en España vinculados a la ciudad de Venecia. Ciertamente aquel monasterio fue próspero y se estableció en una casa-palacio blasonada del siglo XVI que conocemos por fotografías de su exterior y que después fue Delegación Provincial de Hacienda. Los escudos renacentistas de su fachada se guardan hoy en el Museo Provincial. La capilla, que en principio tuvo aquel convento fue pequeña, por lo que en 1680 se inició la construcción de un espacioso templo, que también conocemos por fotografías; de tal modo que pocos años después, concluido el mismo, se planteó la ejecución de un suntuoso retablo que es el que hoy contemplamos, como culminación del adorno de aquel edificio. Dejando aparte la descripción y estudio documental de esta pieza artística añadiremos que en esa fecha de 1702, el 22 de abril, se firmó el contrato de ejecución, ante el escribano público Pedro Gómez de la Cuesta, con el maestro de escultura y ensamblaje Francisco Montllor, que hizo baja y mejora en la subasta de la obra frente a otro maestro del mismo oficio, el valenciano Joseph Lluc, todo por siete mil quinientos reales de vellón, con un tiempo de ejecución de un año; de tal modo que el 22 de abril de 1703 la obra debería estar concluida y plantada, a falta del dorado y la policromía, que se llevaría a efecto, según otro contrato de 1708, a lo largo de otro año, por los maestros doradores valencianos, Antonio de Moya y Joseph Ychez, por la cantidad de 4.500 reales de vellón. Así, para un templo barroco recién concluido se construía un retablo de la misma línea. Sin embargo hay que advertir otros datos. En ese flamante retablo se colocaría una imagen de la Inmaculada Concepción más antigua y que habían traído en el siglo XVI las monjas desde Murcia en el momento de la fundación, para lo cual en el contrato se especificaba que habría de labrarse una peana "bien trabajada con buena hojarasca" en el nicho principal. Evidentemente, aquella imagen renacentista, quizá del escultor y arquitecto Jerónimo Quijano, el autor de las columnas de la Catedral, y que se conserva en propidad privada, contrastaba claramente con el estilo del nuevo marco barroco, por lo que años después, en 1745, la comunidad monástica encargó a Francisco Salcillo una de sus más exquisitas producciones escultóricas, una talla con idéntica advocación que en los años de la Desamortización, de 1837, volvió con las monjas al convento de Justinianas de Murcia donde se guarda, afortunadamente. Quizá sería deseable hacerle una copia para presidir de nuevo este gran retablo y sustituir la talla industrial que hoy alberga el camarín.

Como ya hemos indicado, en el siglo XIX con la nuevas ideas del Liberalismo se produjo la Desarmotización de Mendizabal -una adecuada medida teórica pero mal llevada a efecto, pues fue una desgracia para los bienes artísticos españoles y albaceteños en particular- lo que supuso el cierre del convento de Justinianas, al no alcanzar el número de religiosas previsto por la ley. Así tras diversas vicisitudes el convento quedó clausurado en 1837 y las monjas marcharon a Murcia con sus hermanas de religión, llevándose consigo la imagen titular, de Salzillo. El convento pasó a ser Delegación Provincial de Hacienda y la iglesia se abría ocasionalmente, aunque todo el conjunto era propiedad de dicha institución estatal y con ello se llega al siglo XX. El viejo conjunto conventual estaba, al parecer, en pésimas condiciones y no existía por el patrimonio el interés que pueda haber hoy, por lo que en 1935 se plantea la construcción de una nueva Delegación Provincial de Hacienda en parte de lo que habían sido huertos conventuales -donde hoy está-  y con la idea de hacer más espaciosa la plaza del Altozano. Este hecho supuso que las imágenes que guardaba el templo y tenían más devoción popular pasaran a ser donadas a otras iglesias de la ciudad, donde lamentablemente se perderían en los trágicos momentos de la Guerra Civil, y otras fueron regaladas a personas particulares. Sólo al final quedó el retablo que fue también donado a un carpintero con la condición de desmontarlo en un taller de este barrio. Hemos tenido la oportunidad de saber quién fue aquel carpintero y sabemos que se llamaba Rogelio Martínez Fernández y vivía en la calle Concepción 41, frente al lateral de la iglesia, según nos asegura una nieta del mismo. Después vino la desgraciada Guerra Civil y la destrucción del retablo que había en este templo de la Purísima que también era barroco, pero de menor calidad artística.

En 1939, aquel carpintero, Rogelio Martínez Fernández, regaló y montó en esta parroquia, con ayuda de otros, entre ellos un tal Alejandro Masip, también del barrio, el retablo que durante más de cuatro años había permanecido desarmado en la cueva-sótano de su casa. El montaje no fue perfecto, se excluyó -quizá por altura- un plinto en el ático y algunas piezas faltaron, se hicieron repintes y los barnices han oxidado, pero debemos felicitarnos de que aquella obra artística se salvara de una destrucción cierta y la memoria de aquel carpintero debe recuperarse. Hoy con esta restauración, llevada a cabo por la empresa "ALFAGÍA, Conservación de Bienes Culturales", la obra artística cobra parte de su primitivo esplendor para todos.

Independientemente de la trayectoria histórica expuesta conviene que analicemos formalmente lo que es esta singular pieza que responde estilísticamente a un barroco pleno, según los postulados establecidos a fines del siglo XVII por los Churriguera, de ahí que nuestra pieza debemos adscribirla a esta línea, a veces denostada por los viejos académicos, de churrigueresca, con un estilo lleno de hojarasca, abundancia ornamental, movida planta y uso de columnas salomónicas y estípites, donde la propia arquitectura comparte espacio y formas con la escultura y aun con la pintura; quizá la obra puede presentar incorrecciones en la ejecución pero el resultado es adecuado y notable.

El retablo consta, básicamente, de un fundamento o banco, un cuerpo principal y un ático. La planta es movida con ahuecamiento hacia el eje central en donde resalta el manifestador que tras la restauración ha vuelto a su lugar original y que se enmarca por sendas columnas salomónicas. Aquí, según la documentación, hubo un mecanismo, no conservado, que reflejaba perfectamente el gusto por la teatralidad barroca, así, en el documento de ejecución se dice: 

"...a de poner una tramoia que salga dentro del sagrario que a de ir a las manos del sacerdote para trasmudar la forma"

Del mismo se proyectó, y así lo indica el contrato de ejecución, que se "ha de haçer, por ser mas deçente, para sacar la custodia una nube y al cabo de ella un anjel y este a de sacar la custodia de dentro de el sagrario asta la mesa de altar a las manos del sacerdote y a cada lado de la custodia un angel con una vela en las manos con una cornucopia alumbrando la custodia y en dicha nube a de haver en los lados enredados cinco o seis ánjeles de cuerpo entero y otros cinco o seis serafines de vuen adorno de nubes entre ellos y acabada la procesión o funçión que se ará, el sacerdote pondrá la custodia a los hombros del anjel y se volverá dicho anjel con al decencia devida, poco a poco dentro del sagrario recojiendose todas las nubes y ánjeles a su sentir de donde salieron"

Lamentablemente este curioso mecanismo no ha llegado hasta nuestro días y en su lugar sólo hay un manifestador dorado interiormente, aunque recordamos en nuestra infancia un teloncillo con una custodia pintada.

Sobre el plinto se levanta el cuerpo principal del retablo, en cuyo centro se situa la hornacina que debió tener un discreto camarín que tuvo un "pocaporte" o telón de cierre, todo en arco de medio punto y a ambos lados sendas parejas de columnas salomónicas con "zinco muchachos de cuerpo entero en cada columna enredados de los cogollos de talla, con diferentes posturas muy garvosos y de relieve entero" y en los extremos laterales unos adecuados estípites, los primeros de este tipo que encontramos en la zona -en otros retablos posteriores, Almansa o Liétor-, ya es frecuente este tipo de soporte tan genuinamente barroco. En principio, y según el contrato, en los intercolumnios, hoy con abundante hojarasca, habrían de situarse las imágnes de talla de San Lorenzo Justiniano y Santa Teresa que después quedaron en el remate, según vemos. Sobre las columnas viene la "cornisa pincipal...toda alquitranada con sus modillones y tambanillos de buen garbo...y el tarjón de en medio -dice el contrato- tenga obligación de hazerle según está en la traza" y así de hizo.

Entre el ático o cuerpo superior y el principal, hubo originariamente una especie de plinto que se eliminó en su actual montaje, pero que se puede apreciar por una antigua fotografía donde el retablo aparece en su ubicación original. Este ático forma un gran cuerpo en medio punto, en cuyo centro se situa un lienzo con marco de orejas con la representación del Calvario, con sendas columnas salomónicas y en los extremos las tallas de San Lorenzo Justiniano y Santa Teresa de Jesús que, como hemos indicado, según el contrato, deberían ir, en origen, en los intercolumnios inferiores y que aquí habrían de colocarse, según la mencionada documentación "dos ángeles con las insignias del sol y la luna uno a cada parte en medio del mazizo de la columna", en una alusión inmaculista ("Pulcra ut luna, electa ut sol"), aunque estos no llegaron a colocarse pues en su lugar están los aludidos santos, si bien es cierto que se optó por colocar unos querubines en relieve al fondo.

Por último, un detalle: hay en la clave superior del arco un florón colgante que hoy es un simple elemento ornamental pero en el contrato se especificaba que habría de tener "ángel pendiente con una corona de laurel, una espada en la mano y en la otra una mata de olivo". Un elemento éste, que no se ha conservado, pero que también refleja hasta qué punto la teatralidad del barroco llega a su últimas consecuencias.

Este es, pues, el único retablo barroco y churrigueresco de envergadura que conserva hoy la ciudad de Albacete, hay otro rococó que apunta al neoclasicismo en la bellísima ermita de San Pedro de Matilla, en Los Llanos, que es poco conocido y de difícil acceso ya que es una propiedad privada; pero esta extraordinaria máquina de la Purísima, recuperada para todos es una riqueza a conocer en nuestra ciudad, un bien a disfrutar en lo religioso y lo estético; un punto de referencia para muchas generaciones de albaceteños, que debemos seguir conservando y cuidando para que los venideros en el tiempo puedan también disfrutar de una obra de arte barroca que en otros momentos no fue debidamente valorada y que hoy se recupera con esplendor y belleza más de trescientos años después de su ejecución; esperemos que dentro de otros trescientos con otras tecnologías, con otros ritmos de vida, con otras formas de pensamiento, otros albaceteños reparen en esta obra que les legó el pasado como signo de sensibilidad humana en todas las dimensiones.


LUIS GUILLERMO GARCÍA-SAÚCO BELÉNDEZ
Instituto de Estudios Albacetenses "Don Juan Manuel"

martes, 27 de noviembre de 2018

Fotografías de Ginés Picazo Villanueva

Nuestro agradecimiento a Ginés Picazo Villanueva por hacernos llegar estas preciosas fotografías que realizó durante la Procesión del Santo Vía Crucis en el año 2010. Continuamos ampliando el fondo documental y os animamos a seguir remitiendo recuerdos de la Cofradía.






jueves, 22 de noviembre de 2018

Mirada fotográfica de Angel Ruiz

Agradecemos la colaboración de Angel Ruiz Fernández con las dos magníficas fotografías que realizó al Cristo del Consuelo durante la exposición de retrospeciva cristífera "Triumphantes in gloria", celebrada en 2017.

Cabe reseñar la pasión que siente Angel por la Semana Santa, como hellinero cofrade y costalero de la Real Cofradía de Cristo Crucificado y Stma. Virgen de las Angustias. Ese profundo sentimiento queda reflejado en su exquisito trabajo fotográfico y de cartelería, con reconocimientos tan importantes como haber ganando el Concurso Cartel de Semana Santa en Hellín 2015 y 2016, Albacete 2017 y 2018, Cartagena 2019 otorgado recientemente.




miércoles, 21 de noviembre de 2018

Fotografía de Chema Collado

Agradecemos a nuestro amigo Chema Collado, cofrade del Santísimo Cristo de la Agonía y Ntra. Sra. de la Amargura, la espectacular y descriptiva fotografía que realizó de nuestro Cristo del Consuelo durante la Procesión del Silencio de este año.


jueves, 15 de noviembre de 2018

Recuerdo Semana Santa 1963

Seguimos ampliando nuestro archivo documental, esta vez gracias a la aportación de Agustín Avellaneda -cofrade de San Juan Evangelista-, que nos hace llegar la estampa recordatorio que se entregaba en la visita al Monumento de la Purísima durante la Semana Santa de 1963. En el anverso aparece el rostro del Santísimo Cristo del Consuelo y en el reverso las catorce estaciones del Vía Crucis. La impresión fue realizada en Gráficas Panadero de Albacete.

Os animamos a remitirnos recuerdos, apariciones en prensa, documentos y fotografías -principalmente antiguas- que iremos publicando periódicamente.



martes, 13 de noviembre de 2018

La "resurrección" del Cristo del Consuelo

Por su interés, reproducimos el artículo de Sánchez de la Rosa en su sección "El reloj de arena", publicado en el desaparecido diario La Verdad el domingo 12 de febrero de 2012, año en el que el Cristo del Consuelo fue la imagen del cartel anunciador de la Semana Santa de Albacete y que profundiza en la figura de su escultor Antonio Garrigós.


La "resurreción" del Cristo del Consuelo

La imagen del Cristo del Consuelo, protagonista de la Procesión del Silencio, ha sido elegida para el cartel anunciador de la Semana Santa de Albacete de este año, que será presentado el próximo 22, Miércoles de Ceniza, en el salón de plenos del viejo Ayuntamiento.

Al llegar este "paso" a las Carretas a medianoche, tras su salida del templo de la Purísima donde pasa el año, un estertor de oscuridad y redobles acaba con su vida. La expresión de la muerte está en sus ojos desde que lo esculpió aquel hombre bueno que se llamó Antonio Garrigós Giner, que tuvo aquí un hijo cura y quiso dejar en Albacete la huella de sus pasos, haciendo esta talla que desfila el Jueves Santo, cuando el primer día de los tres que relucen más que el sol se entrega a las tinieblas. La procesión, a las doce, con Jesús de cuerpo presente, avanza por un callejero tradicional a oscuras, sabiendo muy bien a donde va. Es todo un entierro parroquial, como los que yo veía siendo niño desde la casa de la Ñoña, mi abuela, en la calle Concepción, la mujer que mejor hacía el moño de picaporte a las muchachas que se vestían de manchegas. Entonces salían de la iglesia los cortejos fúnebres y el duelo se despedía en la calle Salamanca, siguiendo el féretro, ya solo con la familia, hasta el cementerio municipal.

Recuerdo muy bien aquellos cortejos desde el templo familiar donde fuí bautizado. Este desfile pasional, también funerario, arranca de "la Compañía", la iglesia que la gente llamaba así porque allí estuvieron los jesuitas hasta que fueron expulsados de Albacete, como en todas partes. La imagen de Garrigós cruzará otra vez el barrio obrero al final de la Cuesta bajando por la calle del Tinte hasta Teodoro Camino para seguir por la Avenida de España y después alcanzar la Plaza de Gabriel Lodares y tomar la gran ruta urbana por la Calle Ancha, recibir el homenaje floral de los tulipanes del Altozano y continuar trayecto arriba por San Agustín para volver a casa. El latido sonoro del tambor y los pasos penitentes -como prefieren llamarse estos cofrades- acompañarán en todo momento un tránsito que conmemora un tiempo de angustia y de dolor, la horas que pasan, en el filo de un viento como el de una navaja, que traspasa el alma, con los macizos de claveles en las andas para mitigar una escenografía dramática. Cuando venía Garrigós a la ciudad, ensayando el destino de su obra, solía dar un paseo por el Parque, el sitio favorito de un visitante que nunca sería forastero. Tuve ocasión de hablar muchas veces con él, desde que nos presentó su paisano Elías Ros, compañero en Radio Albacete. Rechazaba amablemente las entrevistas -"yo prefiero expresarme con el cincel"-, decía, pero era un conversador locuaz, amenísimo, que contaba anécdotas de su juventud y lo que llamaba "tostones de viejo". Un domingo, después de la misa de doce en la que coincidimos, le acompañé en su paseo. Al llegar al monumento dedicado a Saturnino López se interesó por el personaje. Le expliqué que fue un filántropo al que los albaceteños debíamos el agua, pues nos cedió el manantial de su propiedad en el paraje de los Ojos de San Jorge. No le escandalizó que yo le dijera que fue "un santo republicano", pero sí hizo un comentario sobre el agua, "que cuando falta ocasiona enormes problemas, en realidad es una lucha ancestral por su posesión, porque es imprescindible para la vida", vino a resaltar, citando la "sed bíblica" que dio lugar en la historia a grandes conflictos. Y todo el rato se lo pasó elogiando la ciudad que dijo querer como si fuera la suya. "Por algo en el pasado fuimos ciudadanos de la misma región", matizó.

El escultor, nacido en el pueblo murciano de Santomera y con un bagaje artístico notable, se dio a conocer en Albacete en 1951 en una exposición en el Casino Primitivo. Allí recibió a un grupo de personas interesadas en su trabajo para encargarle el Cristo que habría de ser una joya de nuestra imaginería de la Pasión. Entre los visitantes se encontraba su hijo, Antonio Garrigós Meseguer, que era coadjutor de la parroquia de la Purísima, y que accedió a colaborar en el proyecto, eso sí, descartando toda vinculación que tuviera algo que ver con cuestiones económicas o comerciales. Serían los primeros contactos que culminarían con la creación de una escultura personalísima del artista que murió en Madrid, a los 80 años de edad, tras medio siglo de profesión, en 1966. Nadie que le conoció ha podido olvidar su voz cálida, su mostacho blanco, su caballerosidad. Nos dejó este crucificado que expira con las agujas del reloj municipal clavando la hora crucial y su corazón ya detenido en la eternidad, que late sin embargo, como el de su autor, en la devoción y en la memoria albaceteña. Garrigós fue uno de los artistas murcianos interesados en cultivar un arte integrado en las tradiciones locales, "plasmando en figuras y terracotas -como destacó un crítico- una mezcla de innovación y costumbrismo que gustó tanto dentro del país como fuera". Frecuentó el conocido Grupo del Café Oriental, un café céntrico de Murcia en el que se reunían en animadas tertulias distintos artistas, entre ellos el pintor Luis Garay, que sería suegro y maestro del albaceteño José Antonio Lozano. Su estilo tenía claras reminiscencias románticas y en varias obras de estilo italianizante.

Su imagen del Cristo del Consuelo, motivo de esta crónica, desfiló por primera vez en la Semana Santa de 1951, en la Procesión del Silencio, que curiosamente ya se celebraba, aunque se ignora su continuidad, en 1926. La nueva cofradía -en la que estaban vetadas la mujeres- se había fundado ese mismo año y sus miembros desfilaron sin túnica, luciendo en el pecho un crucifijo con un cordón morado.

El cartel que difundirá la imagen "resucita" en la litografía toda su patética dimensión artística, y nos permite renovar nuestra admiración por la figura inolvidable de su autor.

sábado, 10 de noviembre de 2018

Al despertar del alba

Me marcharé
en este día tenso de despedidas
por el camino del este en busca del sol,
porque El, que es la primavera,
me cogerá de la mano
para que mi pie no tropiece ya por el sendero de la vida.

Me marcharé 
en este día denso de cariño
por las sendas del silencio en busca del alba,
porque El, que es la Palabra más sincera,
me ha llamado para que me siente a la mesa
del banquete que ya me tiene preparado.

Me marcharé 
en este día intenso de salvación,
por los caminos del viento en busca del día sin ocaso,
porque El, que es el camino más verdadero,
me pasará de vuestras manos a las manos del Padre
para saciarme ya del resplandor de su semblante.

Me marcharé 
en este día extenso de recuerdos
por el sendero de la muerte en busca de la vida,
porque El, que es el Buen Pastor,
me llevará a prados de hierba fresca
en donde encontraré ya alivio a todos mis cansancios.

Me marcharé 
en este día en el que ya empieza a nublarse la mente
en busca de la verdad con la lección aprendida,
porque ya solo su Palabra escrita en mi historia
será salvación para mi vida.

Me marcharé 
con la mirada clavada en la meta
hacia la que ya se dirigen mis pasos,
pues ahora que mi debilidad es más manifiesta,
sus brazos me sostienen en el sendero de la vida.

Me marcharé
en este día solo y en silencio con la lámpara encendida,
pero en los surcos de mis manos
llevaré escritos vuestros nombres
y me quedaré en el reflejo de vuestras miradas,
ahora, cuando en la noche de mi tiempo,
El ha granado para siempre en mi vida su cosecha.


José Antonio Roldán Zorrilla
Párroco de la Purísima - Consiliario de la Cofradía del Silencio

jueves, 8 de noviembre de 2018

Nuestra Cofradía en "Los Silencios de España"

Con motivo de la Cuaresma, la Hermandad del Silencio de Jaén publica cada año una preciosa y cuidada revista titulada "Humildad y Silencio". Resulta de sumo interés el capítulo denominado "Los Silencios de España", en el que se dan a conocer las Hermandades y Cofradías del Silencio que existen a lo largo de nuestro territorio nacional. 

En 2016 fue nuestra Cofradía del Silencio y Santo Vía Crucis la protagonista de esta sección, en la que colaboró Antonio Osuna remitiendo información. Queremos mostrar nuestro agradecimiento a la Hermandad del Silencio de Jaén por su mención, que a continuación reproducimos, y el detalle de enviarnos la revista. Al mismo tiempo les trasladamos nuestra más cordial enhorabuena por ser una Hermandad modélica y su trabajo bien hecho. La podéis seguir en el siguiente enlace: Silencio Jaén.